Trío en la oficina de Madrid

Visi se abrió la blusa y yo metí la mano. Acaricié los pezones calientes y duros y le apreté las mamás; ella se quitó la blusa y se tumbó en la mesa del despacho. Le besé aquellas puntas redondas y enhiestas, famélicas y le magreé las dos grandes tetas a la vez. Ella hizo algo inesperado: se las recogió con las manos como dos cucharas y las llevó hacia su rostro, inclinó la cabeza y sacó su lengua rosadita y comenzó a lamer las cerezas oscuras de los senos. Eso ya me hizo trempar del todo.

Besaba alternativamente cada pezón. Los tenía cubiertos de saliva y alcanzaba perfectamente a agarrarlos entre los labios y chuparlos. Resultaba de una sensualidad provocativa; nunca había asistido a una escena así. La lengua surcaba la redondela de cada pezón y luego llegaba a sus cúspides y allí se entretenía en lametones, circunvalando los gruesos botones. Levantó los ojos lascivos y me preguntó si me gustaba. No necesitaba responder: mis ojos chispeaban.

Me pidió que me bajara los pantalones, lo que fue un alivio, porque mi verga estaba dolorida, atrapada bajo la tela de los pantalones. “Pero, no te los quites; sólo bájatelos…, el slip también”. Mi polla, liberada, se irguió con el glande enrojecido por la tensión sexual. “Vaya, vaya: está a punto de caramelo”, dijo entre risas, y tras una pausa concluyó, apoyándose en ambos codos y levantado la vista: “¿No te parece Jessica?”. Sus tetas se balancearon.

Jessy estaba de pie, detrás de nosotros, contemplando la escena. Visi le dijo que se acercara y elevó la faldita hasta su cintura. Su tanga verde claro tenía una pequeña manchita húmeda en la zona donde los labios apretados tenían la entrada a la vagina. Jessy se colocó a mi lado.

“Acarícialo”, me dijo abriendo las piernas. Yo pasé mis dedos por el bulto de carne bajo la tela; efectivamente, Visi estaba toda mojada. Fui a bajarle la prenda, pero me reprendió: “Nada de eso; sepárala y mete los dedos, golfito”. Tiré de un lado y su chocho, sin rastro de vello, fresco y juvenil desató mi lujuria. Lo acaricié y lo sobé despacio, La boca se me hacía agua y sentí como cimbreaba mi falo tieso.

Le abrí los carnosos pétalos del coño y penetré el lubricado conducto. Mi dedo se hundió sin esfuerzo; introduje dos más y Visi exhaló un gemido largo. Taladré rítmicamente el coño lentamente. Mientras Jessica fue a besar a su pareja en los labios. Jessy introdujo su lengua en la boca, a la vez que jugaba con las tetas de Visi; yo continué follándola con los dedos; muriéndome de ganas de joder y correrme.

Pero, me esperaba algo diferente.

Visi le dijo al oído a Jessica lo que quería que hiciera.

Jessy vino de nuevo donde yo estaba masturbando a su pareja y me pidió que la dejara a ella ocuparse de Visi. Saqué mis dedos del nido caliente del chocho y ella se dobló frente a Visi, le quitó El tanga y le abrió con ambas manos el chumino cuyas paredes estaban chorreando flujo y se abocó a comérselo. Yo escuchaba los lametones y los jadeos de Visi, cuya cabeza giraba de izquierda a derecha. Yo estaba empalmadísimo, y por la punta de mi capullo salía un grueso lagrimón de flujo translúcido…

Me puse a sobar sus nalgas mientras ella seguía su cunnilingus. Jessy separó las piernas y me ofreció el arco de entrada a su coño. A diferencia de su pareja, su sexo estaba cubierto de vello acaracolado. Busqué la boquita de entrada y metí dos dedos por la raja muy mojada también. Llevé mi tranca y la penetré. Jessica emitió un ronquido suave. Yo me introduje hasta el final e inicié la jodida de Jessy. Metí y saqué la polla cada vez con más velocidad, pero de repente, la voz entrecortada de Visi pronunció: “Encúlala”.

Aquello no lo esperaba. Mi boca se llenó de saliva lúbrica. Ya estaba cerca del clímax y quería descargarme en el chochito sedoso de Jessica; pero la saqué brillante de fluido vaginal. La coloqué en la entrada estrecha y radial del ojete; jugué con él y fui ensartando el ojo del culo, que se fue abriendo a cada empujoncito.

Jessy emitía una suave queja a cada centímetro que se hundía en el ano. En unos segundos pude insertarla toda, y comencé a cabalgar la grupa de Jessy. La sensación era más satisfactoria que cuando la penetré por el coño. Mientras jodía el recto de su pareja Visi gemía más, y más continuamente. Escuchar aquellos gemidos y el frotamiento interior de mi polla en el recto de Jessica, notar mis huevos estrecharse a cada empujón contra su culo me llevó a un espasmo eléctrico y a continuación a descargar largos chorros de leche en el conducto estrecho.

En ese momento un chillido de placer señaló el orgasmo brutal que tuvo Visi. Ambos gemíamos casi al unísono. Jessy continuaba abocada en el coño, sin dejar de comer el clítoris. Despacio fui sacando mi verga del agujero ya dilatado, hasta que quedó goteando esperma. Ella se irguió y recogió en los dedos los goterones de mi leche, que salían por el ojete abierto. Se acercó a Visi y allí condujo los dedos hasta su chocho y empezó a pajearse el clítoris ante la mirada extasiada de su pareja. Con una mano se masturbaba y con la otra se soba a las tetas.

Aquello fue muy rápido: apenas medio minuto después Jessica abrió sus muslos espasmódicamente, se inclinó hacia delante, se abrió la raja con las dos manos y jadeante se observó a sí misma mientras la vulva se estremecía y los labios de su chocho se abrían y cerraban una decena de veces.

Las dos se abrazaron con los sexos confundidos. Yo me estaba apretando el cinturón del pantalón, Visi se acercó y me dijo: ”La he castigado por haberse acostado la semana pasada con su anterior pareja”.

Me pareció que era la primera vez que tuve conocimiento de que una administrativa castigaba a la directora de la oficina…y de manera triplemente placentera.

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