Mi primera vez con una mujer madura

En un pueblo donde todos observan, donde cada mirada pesa más de lo que parece… yo aprendí que llamar la atención tiene consecuencias.

A los 18 años, mi cuerpo hablaba antes que yo. Alto, atlético, con hombros marcados por el entrenamiento constante en el club deportivo de la cementera. Mi piel tostada por el sol y mis ojos verde aceitunado hacían que la gente me recordara… incluso cuando yo no los recordaba a ellos.

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Preparando el Primer Trio

Corría febrero del año 2020, tomando unos tragos con mi esposa salió el famoso juego «verdad o reto» a lo cual elegí verdad, la pregunta fue, cual es tu fantasía erótica? a lo que respondí, hacer un trio y ella de dice haa!!! pero si es así tendría que ser primero HMH y yo, haaaaa ok, pero después dije me tocara a mi, ella dijo yaaa!!! ok y el tema quedo ahí, siguieron los tragos y salió la idea de ver en internet (esa misma noche) videos

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La hermana de uno de mis mejores amigos

Todo comenzó una tarde que de la nada me escribió Delia por WhatsApp, una chica morena, delgada, cuyo culo veinteañero puede enloquecer a cualquiera, la cual me pidió salir a dar una vuelta ya que su novio se encontraba fuera de la ciudad y ella no quería estar sola, nos vimos para comer y hasta ese punto no pensaba en follármela por respeto a mi amigo, simple mente pensé que solo era una salida con una amiga, después pasamos a un barcito del centro entre copa y copa me jala y me besa.

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Sexo anal

Me llamo Laura, tengo 45 años y llevo diez años con Wilson: cinco de novios y cinco de casados. Nuestra relación siempre ha sido estable, cariñosa y, en la cama, bastante convencional. El sexo es bueno, frecuente, pero nunca ha explorado territorios más oscuros o intensos. Yo, sin embargo, guardo desde hace años una fantasía que no he podido sacarme de la cabeza: el sexo anal.

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Mi hermano y mi novio nos follan a mi prima y a mí por turnos

La llegada de Lupe, mi prima de Veracruz, fue como un viento ardiente que avivó las brasas del deseo que nos consumían a mi hermano Álex y a mí. Su cuerpo, pleno y vibrante, entró en la casa como un regalo que el destino nos ofrecía. Entre los dos la sedujimos con la lentitud calculada de quienes ya conocen el abismo del placer compartido, y nos entregamos a un trío salvaje y perfecto que, lejos de saciarnos, abrió en nosotros un hambre más profunda, más oscura.

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