Mi primera infidelidad

Esto ocurrió en mi primer trabajo, aún no había terminado mis estudios de contabilidad, ya tenía novio desde hacía casi 2 años y encontré este puesto de asistente contable en una pequeña empresa que vendía insumos para industrias; éramos el jefe (dueño de la empresa), la secretaria, yo la asistente contable, 30 vendedores y 3 operarios. Como verán eran más de 30 hombres y solo 2 mujeres, nos trataban como reinas pero también éramos sus objetos del deseo jeje.

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Nuestra primera experiencia cornuda

En nuestros años de noviazgo cuando aún éramos unos universitarios nos encantaba buscar nuevas formas de disfrutar nuestra sexualidad, en unas de las tantas veces que veíamos porno en el motel nos fuimos encontrando pornografía de esposas compartidas y cuckold, lo que nos dio mucho morbo y decidimos probar la idea de poner los cuernos.

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Caliente como cura en guardería

No saben lo que me paso hoy en el colectivo.

Fui hacer unos trámites y cuando volvía, tipo una de la tarde, el colectivo para en una plaza y suben unas pendejas que salían de la escuela y venían hablando bien fuerte y cagándose de la risa.
Yo estaba sentado en los asientos de a dos, el que da al pasillo y el asiento de adelante Mio estaba desocupado eran tres chicas y una se sentó ahí y al lado el novio quedo parado y las otras dos chicas quedaron al lado mío.

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Mi novia se animó a hacer un trío

Un día con Bere jugando a preguntas y respuestas de “¿Qué has hecho o no con parejas anteriores?” salió el tema de un trío, sin especificar el sexo del tercero.

A ella le dio celos el que yo lo haya hecho antes y ella no. Lo importante es que la idea ya estaba en su cabeza. Nuestro sexo cada vez era mejor, probábamos nuevas perversiones y lugares.

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Trío con esa dama y su pareja

La distancia impide el contacto físico, piel con piel, una limitación que no nos impide sentir y desear. Lo que está claro es que el sexo es cosa de dos; volver a estar juntos es un anhelo que teníamos ella y yo, pero se antojaba difícil que se pudiera dar viviendo en ciudades diferentes y con respectivas parejas.

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De vacaciones con esposa deseada

Todo empezó en aquel hotel de la costa, durante unas supuestas vacaciones que yo mismo había insistido en reservar. Me llamo Carlos, tengo cuarenta y cuatro años, y mi mujer, Teresa, treinta y nueve. Llevábamos diecisiete años casados y dos hijos que, por suerte, esa semana se habían quedado con los abuelos. Yo necesitaba desconectar. Teresa… ella simplemente accedió, como siempre, con esa sonrisa tranquila y ese cuerpo que parecía hecho para volver locos a los hombres.

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Mi esposa y mi suegro

Más de una vez le había preguntado a mi esposa quien era la persona más imprevista con quien había tenido relaciones. Siempre se reía y no me contestaba. Lo más que me decía era que nunca imaginaría quien fue. Tampoco insistí mucho en el tema.

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