Hola a todos. Vengo a contarlos algo rico que pasó hace unas semanas. Los pongo en contexto. Desde hace algunos meses mi esposo le empezó a trabajar a una pareja de doctores. Mi esposo empezó a hacer amistad con el doctor, la doctora casi siempre lo acompaña y como yo vendo artesanías de barro y yeso afuera del taller, me empezó a comprar y empezó a hacer amistad conmigo.
En el transporte público con un desconocido
Hola, soy Raúl. Esta vez les cuento sobre el día que mi novia —hermosa, buenona y siempre caliente— me alcanzó al terminar mi turno matutino para regresar juntos a casa en transporte público.
Brenda llegó con un vestido de algodón, holgado y fresco; abajo solo llevaba un hilo que apenas cubría su deliciosa papaya. Me saludó de forma muy cachonda, pegando todo su cuerpecito al mío; pude sentir sus tetas firmes y su vientre calientito mientras nos dábamos un beso profundo que me dejó sin aire.
Con la dentista
Recuerdo que la primera vez que la vi en su consultorio, al ir con su tradicional bata, no pude ver sus curvas ni sus piernas marcadas.
Ella se llama Claudia, en ese tiempo tenía 42 y yo 26, la verdad no la veía con atracción ni nada, casi siempre las citas me las daba por la tarde, durante las cuales las pláticas eran triviales y cortas, en una de esas citas llegue casi a la hora, y ella estaba en la puerta de su consultorio (casa).
Me sucedió a mí en el gimnasio
Era miércoles por la mañana, había regresado de viaje el martes noche y no iría al despacho hasta las 6 de la tarde. Me levanté tarde, Marta, mi mujer, ya había marchado a sus asuntos y no vendría a comer. Teresa (la asistenta) me preparó un plato con un trozo de jamón york, un zumo de naranja y un café largo. Bajé al quiosco a comprar la prensa, la estuve repasando un rato cuando me di cuenta de que eran las 11:45 h. Entonces decidí ir al gimnasio para relajarme en el spa (es un spa grande como una piscina, con burbujas y oleaje), volver a casa, comer y preparar los asuntos de la tarde.
Toda mojada en carnavales
¿Te acuerdas? Esos carnavales que teníamos la casa para nosotros solos…
Saliste a comprar una caja de cervezas y mientras estabas afuera puse en marcha mi plan de ataque.
Recuerdo la sonrisa en tu cara cuando llegaste a la reja y te grité que te la había dejado sin candado. Podías empujarla para que abriera sin soltar la caja de cerveza que cargabas con ambas manos.
Trío en la oficina de Madrid
Visi se abrió la blusa y yo metí la mano. Acaricié los pezones calientes y duros y le apreté las mamás; ella se quitó la blusa y se tumbó en la mesa del despacho. Le besé aquellas puntas redondas y enhiestas, famélicas y le magreé las dos grandes tetas a la vez. Ella hizo algo inesperado: se las recogió con las manos como dos cucharas y las llevó hacia su rostro, inclinó la cabeza y sacó su lengua rosadita y comenzó a lamer las cerezas oscuras de los senos. Eso ya me hizo trempar del todo.
El pacto de mi exnovia
Ese día ella andaba una falda elegante, sus piernas destacaban en una falda que resaltaba un trasero bien formado. La miré incrédulo de arriba abajo…
-¿Ya te presente a Camila? Me dijo mi jefe.
-No, ¡mucho gusto!. Dije con una sonrisa mientras le tomaba la mano a quien había sido mi exnovia hace años.