Aquella tarde, Viky, como cariñosamente llamábamos a Victoria, estaba realmente triste. Su novio, había aprobado las oposiciones que llevaba años preparando. Lo que fue felicidad en un primer momento, se convirtió en pena, cuando el destino que le había tocado en suerte, era Andalucía. Ella no podía dejar su trabajo, también de funcionaria, ni tan siquiera pedir el traslado, de momento, cerca de él. Más de mil kilómetros separaban las comunidades gallega y andaluza, y también los corazones de la pareja.