Todo comenzó en una reunión familiar donde mamá por fin invitó a su novio, un hombre en sus cuarenta, nada atlético, algo bonachón pero con una actitud muy buena…
Aquel día estábamos mamá y yo preparándonos para salir hacia casa de mis abuelos dónde sería la reunión, el timbre sonó y mamá salió corriendo a sabiendas que se trataba de su novio, pero llegó con una gran sorpresa, su hermano “menor” un hombre entrado en sus treinta y muchos, vi a un delicioso maduro, todo lo opuesto a su hermano mayor, este era alto, quizás por encima del 1.80, delgado pero atlético, con una barba cerrada perfectamente cortada, su cabello peinado hacia atrás, enfundado en unos pantalones de mezclilla y una camisa a cuadros que definía perfectamente su firme y ancho pecho.