En un pueblo donde todos observan, donde cada mirada pesa más de lo que parece… yo aprendí que llamar la atención tiene consecuencias.
A los 18 años, mi cuerpo hablaba antes que yo. Alto, atlético, con hombros marcados por el entrenamiento constante en el club deportivo de la cementera. Mi piel tostada por el sol y mis ojos verde aceitunado hacían que la gente me recordara… incluso cuando yo no los recordaba a ellos.