Me llamo Oscar, tengo cincuenta años y soy comercial. Hace un mes y medio encontré trabajo en una empresa que vende dispositivos electrónicos. El salario base es más bien bajo y las ganancias reales en base a comisiones por venta. Hasta aquí todo normal.
Mi jefa se llama Laura. Tiene treinta años, alta, delgada y bastante atractiva. Tras una voz dulce y persuasiva, se esconde una personalidad muy marcada y una determinación fuera de lo común.