El taxista de mi cuñada

Hace tres meses me quedé sin trabajo, traté de conseguir algo de mi profesión, pero pasó el tiempo y nada, así que como tenía mi auto decidí trabajar como taxista en una plataforma. Ya llevo dos meses como taxista. La primera semana no me fue muy bien, así que entre los conocidos y familiares les comenté que si querían un taxi me podían llamar. Fue así que hace un mes mi cuñada me pidió que la llevara al trabajo en las mañanas y la trajera de vuelta en las tardes.

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Mi hermano nos folla a mi prima y a mí por delante y por detrás

El último día de agosto, la llegada de nuestra prima Guadalupe desde Veracruz fue como arrojar gasolina a un fuego latente. Es cien por cien mexicana, y viene cada verano para instalarse en nuestra casa como un torbellino de risas y recuerdos. Pero este verano de 2024 no es como los anteriores. Lupe, hija de la hermana mayor de nuestra madre, ha cambiado. Y ese cambio, sutil pero demoledor, desgarró el tejido de nuestra rutina, dejando al descubierto un abismo de deseo prohibido, desatando una tormenta que mi hermano Álex y yo no vimos venir.

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Visita al doctor

Hola a todos. Vengo a contarlos algo rico que pasó hace unas semanas. Los pongo en contexto. Desde hace algunos meses mi esposo le empezó a trabajar a una pareja de doctores. Mi esposo empezó a hacer amistad con el doctor, la doctora casi siempre lo acompaña y como yo vendo artesanías de barro y yeso afuera del taller, me empezó a comprar y empezó a hacer amistad conmigo.

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En el transporte público con un desconocido

Hola, soy Raúl. Esta vez les cuento sobre el día que mi novia —hermosa, buenona y siempre caliente— me alcanzó al terminar mi turno matutino para regresar juntos a casa en transporte público.

Brenda llegó con un vestido de algodón, holgado y fresco; abajo solo llevaba un hilo que apenas cubría su deliciosa papaya. Me saludó de forma muy cachonda, pegando todo su cuerpecito al mío; pude sentir sus tetas firmes y su vientre calientito mientras nos dábamos un beso profundo que me dejó sin aire.

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Con la dentista

Recuerdo que la primera vez que la vi en su consultorio, al ir con su tradicional bata, no pude ver sus curvas ni sus piernas marcadas.

Ella se llama Claudia, en ese tiempo tenía 42 y yo 26, la verdad no la veía con atracción ni nada, casi siempre las citas me las daba por la tarde, durante las cuales las pláticas eran triviales y cortas, en una de esas citas llegue casi a la hora, y ella estaba en la puerta de su consultorio (casa).

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Me sucedió a mí en el gimnasio

Era miércoles por la mañana, había regresado de viaje el martes noche y no iría al despacho hasta las 6 de la tarde. Me levanté tarde, Marta, mi mujer, ya había marchado a sus asuntos y no vendría a comer. Teresa (la asistenta) me preparó un plato con un trozo de jamón york, un zumo de naranja y un café largo. Bajé al quiosco a comprar la prensa, la estuve repasando un rato cuando me di cuenta de que eran las 11:45 h. Entonces decidí ir al gimnasio para relajarme en el spa (es un spa grande como una piscina, con burbujas y oleaje), volver a casa, comer y preparar los asuntos de la tarde.

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Toda mojada en carnavales

¿Te acuerdas? Esos carnavales que teníamos la casa para nosotros solos…

Saliste a comprar una caja de cervezas y mientras estabas afuera puse en marcha mi plan de ataque.

Recuerdo la sonrisa en tu cara cuando llegaste a la reja y te grité que te la había dejado sin candado. Podías empujarla para que abriera sin soltar la caja de cerveza que cargabas con ambas manos.

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