Mi esposo se rehusaba a que le tocara por detrás, pero yo insistía poco a poco, he leído tanto de que el punto G de los hombres estaba en esa zona que cada vez me causaba más curiosidad.
Cuando me penetraba y yo estaba encima de él, mandaba mi mano e iba tocando poco a poco, hasta que un día me dijo: “¡que me está haciendo que se siente tan rico!”. Yo emocionada también, empecé a tocarlo más y más y su cara de satisfacción era notoria, era una expresión de satisfacción con timidez al sentir algo nuevo.