Infiel con el peor enemigo de mi esposo

Como he visto que les gustó mi relato anterior les seguiré contando como me fui convirtiendo en una mujer infiel, pero primero les pido una disculpa por no haberles podido seguir contando mis aventuras con más frecuencia pues debido a algunos problemas no he tenido el tiempo necesario para seguir escribiéndoles. También quisiera a agradecerles a las personas que me dejaron un comentario en mi relato anterior pues eso me dio más confianza para seguir contándoles mi vida de infidelidades.

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Enfermera reprimida y vigilante osado

El reloj marcaba las once cuando Carla firmó el último parte médico. El hospital, a esa hora, parecía suspendido en una calma artificial, jodidamente excitante, como si contuviera la respiración. Tres semanas llevaba en el turno nocturno. Tres semanas sin coincidir con Marcos más que en silencios y puertas

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Suegro malicioso y nuera hipócrita

Mi nombre es Valeria. Tengo veinte años y un cuerpo que parece diseñado para provocar pecados: pechos grandes y firmes que desafían la gravedad sin necesidad de arneses, una cintura estrecha que se abre en caderas amplias, y un trasero redondo que se mueve con ritmo hipnótico a cada paso. Mi piel tiene ese tono dorado de quien ha sido besada por el sol Mediterráneo, y mis ojos verdes suelen decir más de lo que mi boca permite.

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Visita al doctor

Hola a todos. Vengo a contarlos algo rico que pasó hace unas semanas. Los pongo en contexto. Desde hace algunos meses mi esposo le empezó a trabajar a una pareja de doctores. Mi esposo empezó a hacer amistad con el doctor, la doctora casi siempre lo acompaña y como yo vendo artesanías de barro y yeso afuera del taller, me empezó a comprar y empezó a hacer amistad conmigo.

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En el transporte público con un desconocido

Hola, soy Raúl. Esta vez les cuento sobre el día que mi novia —hermosa, buenona y siempre caliente— me alcanzó al terminar mi turno matutino para regresar juntos a casa en transporte público.

Brenda llegó con un vestido de algodón, holgado y fresco; abajo solo llevaba un hilo que apenas cubría su deliciosa papaya. Me saludó de forma muy cachonda, pegando todo su cuerpecito al mío; pude sentir sus tetas firmes y su vientre calientito mientras nos dábamos un beso profundo que me dejó sin aire.

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Me sucedió a mí en el gimnasio

Era miércoles por la mañana, había regresado de viaje el martes noche y no iría al despacho hasta las 6 de la tarde. Me levanté tarde, Marta, mi mujer, ya había marchado a sus asuntos y no vendría a comer. Teresa (la asistenta) me preparó un plato con un trozo de jamón york, un zumo de naranja y un café largo. Bajé al quiosco a comprar la prensa, la estuve repasando un rato cuando me di cuenta de que eran las 11:45 h. Entonces decidí ir al gimnasio para relajarme en el spa (es un spa grande como una piscina, con burbujas y oleaje), volver a casa, comer y preparar los asuntos de la tarde.

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Con mi ex en su casamiento

Pedro y yo estuvimos juntos muchas veces desde que nos conocimos. Eso sucedió hace ya quince años, cuando éramos un par de adolescentes. No fuimos nunca una pareja oficial, pero quizás sea mi ex más importante, aún sin serlo realmente. Es definitivamente la persona que más sensaciones me generó: atracción, lujuria, amor, ternura, enojo, odio, decepción, todas en un eterno e incansable loop.

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