El taxista de mi cuñada

Hace tres meses me quedé sin trabajo, traté de conseguir algo de mi profesión, pero pasó el tiempo y nada, así que como tenía mi auto decidí trabajar como taxista en una plataforma. Ya llevo dos meses como taxista. La primera semana no me fue muy bien, así que entre los conocidos y familiares les comenté que si querían un taxi me podían llamar. Fue así que hace un mes mi cuñada me pidió que la llevara al trabajo en las mañanas y la trajera de vuelta en las tardes.

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Trío en la oficina de Madrid

Visi se abrió la blusa y yo metí la mano. Acaricié los pezones calientes y duros y le apreté las mamás; ella se quitó la blusa y se tumbó en la mesa del despacho. Le besé aquellas puntas redondas y enhiestas, famélicas y le magreé las dos grandes tetas a la vez. Ella hizo algo inesperado: se las recogió con las manos como dos cucharas y las llevó hacia su rostro, inclinó la cabeza y sacó su lengua rosadita y comenzó a lamer las cerezas oscuras de los senos. Eso ya me hizo trempar del todo.

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Cogiendo con el dueño de la casa

Hola amigos, en un relato anterior les comenté que por cuestiones de trabajo me mudé a casa del tío de mi amiga, un hombre de 48 años a quien en una ocasión lo vi teniendo sexo con su novia tetona, después de eso por días no dejé de masturbarme pensando en como lo hacían hasta que un día Manuel y yo cogimos.

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Mi esposa y su amiga cumpliendo fetiches

Hace unos meses, en una fiesta de amigos, mi esposa y yo conocimos a Geraldo, un tipo de unos 50 años empresario de la música que galanteaba de ser un conquistador. En aquella reunión nos tomamos unas copas y más tarde fuimos a continuar la fiesta en su departamento hasta el amanecer. Todo quedó allí y no lo volví a ver hasta ahora.

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Visitando un club swinger

Somos una pareja emocionalmente estable, la diferencia de edad con mi pareja es de 20 años. Ella es muy liberal para los temas sexuales en alguna de nuestras conversaciones le propuse asistir a un club swinger de nuestra ciudad.

El día de ayer sin esperármelo me dijo “siempre vamos a ir al club”, a lo que respondí “por supuesto que sí”.

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