Hola amigos, me complace relatarles una excitante y sorpresiva vivencia que sucedió ya hace algunos años en un reencuentro con mi cuñada consentida. Esto sucedió en un viaje que hice a la Ciudad de México por motivos laborales.
Hola amigos, me complace relatarles una excitante y sorpresiva vivencia que sucedió ya hace algunos años en un reencuentro con mi cuñada consentida. Esto sucedió en un viaje que hice a la Ciudad de México por motivos laborales.
Después de haber encontrado una nueva veta de excitación en aquel descubrimiento fortuito que me sucedió con mi novia, que ya conté en los dos relatos anteriores, empecé a buscar la manera de ser yo, el que esté del otro lado del teléfono, mientras el novio o el esposo se exciten con su pareja, sin saber que yo esté ahí.
Mi hermana y yo casi siempre nos hemos llevado bien. En lo posible nos ayudamos mutuamente. Mi hermana, Sophie, de 23 años, es blanca, ojos oscuros, cabello liso negro, tatuajes por todo el cuerpo, 1,60 en este momento un poco gruesa ya que ha dejado de hacer ejercicio y el trabajo no le deja tiempo, pero igual muy linda ella, carismática, risueña. Yo, ojos claros avellana, blanco, 1,60, un poco atlético ya que práctico micro futbol. Sophie vive sola en un apartamento un poco lejos del trabajo.
Si hay algo que disfruto es el empuje de un ejemplar joven, lleno de esperma que me satisfaga por completo.
Esto lo descubrí cuando le quite la virginidad a mi sobrino de 19 años.
Soy una mujer madura, casada, con una vida sexual regular; pero, a pesar de que mi esposo me provoca el orgasmo cuando estamos juntos, lo que experimente con mi sobrino, me hizo buscar esa sensación salvaje.
Los siguiente sucedió en la ciudad de Monterrey N.L.
Soy Jacobo un chico de 28 años que por cuestiones de trabajo me fui a vivir a la ciudad de León, Guanajuato, México.
Siempre fui muy afortunado con las chicas aunque siempre he considerado que soy un tipo normal físicamente, alto 1.87cm, mulato, cabello negro, ni gordo ni flaco y con un tamaño de pene muy aceptable.
Los días pasaron y la relación con Celina avanzaba. Mi hermana me recibía en su casa, salíamos al cine como novios y lo mejor era cuando cenábamos en algún restaurant y después nos íbamos a un hotel.
La llegada de Lupe, mi prima de Veracruz, fue como un viento ardiente que avivó las brasas del deseo que nos consumían a mi hermano Álex y a mí. Su cuerpo, pleno y vibrante, entró en la casa como un regalo que el destino nos ofrecía. Entre los dos la sedujimos con la lentitud calculada de quienes ya conocen el abismo del placer compartido, y nos entregamos a un trío salvaje y perfecto que, lejos de saciarnos, abrió en nosotros un hambre más profunda, más oscura.