Mi primer anal a los 19 años

Sucedió cuando tenía 19 años, un año después de graduarme del colegio.

Creo que nunca conté cómo eran mis hermanos en cuanto a mi vida, y quiero aclarar que siempre fueron muy tranquilos en cuanto a todo, no como la mayoría de hermanos mayores. No como que le parecía perfecto que su hermanita le diera a todo el mundo, pero no se metían en mis asuntos.

Un día yo estaba con una amiga en casa y veíamos películas a eso de las 10 de la noche. Mi hermano, Gabriel estaba en su habitación con su novia y mis padres no estaban en casa, estaban vacacionando fuera del país y llegarían un mes después. Casa libre.

Casi a las 12 Ana y yo escuchamos a la novia de Gabriel, la vamos a llamas Cata, gimiendo como una desesperada. Juro que al escucharla mis pezones se pusieron duros. Para esa hora ya Ana y yo íbamos en nuestra ropa de dormir y como mi habitación tenía calentador ambas teníamos ropa ligera, ella una camisa de tiras y pantaloneta, y yo un vestido de seda negra que me había regalado mamá porque ya no lo usaba. Ana notó mi reacción y se burló de mí.

-¿Acaso tu que más haces cuando te la meten? ¿Reírte?

-Idiota. -le respondí con una sonrisa. Me levanté para buscarme una chaqueta ligera y le pasé una- ¿Quieres cenar para distraernos de la peli porno de mi hermano?

-Claro. -fuimos a la cocina. Yo llevé mi teléfono conmigo. Nos preparé una cena rápida y puse música de mi computador.

Una llamada entró cuando estábamos terminando. Era David.

-Hola

-May, a quien están matando en tu casa?

-A nadie, a menos que una se pueda morir del placer. -bromee.

-Deberías pasarte para acá un rato.

-Ando con Ana.

-Pues pasen ambas.

Eso hicimos. Subimos de nuevo a mi habitación para sacarle a Ana una chaqueta como la mía y unos zapatos para ir. Escribí en una nota de papel dónde estaba y lo pegué en la puerta de Gabriel. Los ruidos ya no sólo eran de Cata, él parecía estar disfrutando también por el modo en que sonaba.

Golpeamos en la puerta de David y casi dos minutos después apareció en la puerta. Sin camisa. Recién bañado. Para comérselo.

-Chicas sean bienvenidas. -entró Ana primero y le besó en la mejilla. Cuando yo iba a hacer lo mismo me volteó la cara y me besó en los labios.

Sonreí y le mostré el dedo medio.

-¿Que haremos?-preguntó Ana.

-Un trío. -respondió David. Ambas lo golpeamos en las costillas- O no, claro.

Acordamos ver películas. Vimos las dos primeras de Saw y luego la hermana de Ana la llamó y le dijo que fuera a casa. A las tres de la mañana. Al final Ana se fue y quedamos David y yo viendo la tercera parte de Saw. Estábamos en su habitación, en la cama. Yo estaba acostada sobre mi estómago y él tenía sus pies sobre mi culo. Se le había vuelto costumbre ponerse ahí.

Pero lo que no era costumbre suya era acariciarme las nalgas sin cuidado de rozarme la vagina. Y eso empezó a hacer. Me aparté de inmediato.

-¿Qué haces?

-¿Tu que crees?-me sonrió con malicia. Sonreí.

-Eres un marica.

-Y tu una pirobita. -me dijo. Salte sobre la cama para golpearlo pero en cambio me puso bajo su peso y me dejó las manos agarradas sobre la cabeza-Pero mi pirobita.

-¿Ah sí?-le dije. Con lo ligero de mi ropa no tuve problema para sentirle el pene creciendo bajo el pantalón de sudadera que llevaba puesto- dime algo primero, ¿por qué y desde cuándo es que nosotros somos así?

-Eres mi mejor amiga pero no me quita lo hombre, May.-bajó la cara para besarme el cuello-Ni los ojos.

-Pues gracias supongo. -me costó sacar esas palabras. Tenía ganas de hacerle de todo a este hombre. Me besó con fuerza, como él sabía que me gustaba. Me aflojó el agarre de las manos y yo las bajé de inmediato a su cadera para pegarlo a mi cuerpo, lo abracé con fuerza y sentí aún más la dureza de su miembro. Nos separamos cuando nos faltó el aire y yo aproveché para moverme y ponerme encima de él.

Le volví a besar un poco y bajé las manos a su entrepierna, tocándolo sobre la tela. Le fui metiendo la mano de a pocos y al final cuando se la agarré ya la tenía durísima. Lo escuché gruñir un poco. Y mi placer aumentaba a cada segundo sin haber hecho un solo movimiento, me sentía de lo más excitada.

Alejé la cara y me apoyé en su cuerpo para levantarme en las rodillas. Me levanté un segundo para bajarme las bragas y quitarme la chaqueta. Él se quitó el pantalón y me alzó del culo, enredé las piernas a su alrededor. Se acostó en la cama de nuevo, dejándome encima suyo.

De inmediato me senté dejando que su verga entrara libre por mi vagina. Y se sintió perfecto. Yo ya estaba suficiente mojada para que se deslizara y me hiciera brotar el placer. Empecé a saltar de a pocos, cerrando los ojos como siempre hacía. Me mordí los labios y apreté mi agarre en sus hombros. Saltaba una y otra vez él empezó a manosearme las tetas, me encantaba que hicieran eso, me acariciaba los pezones con cuidado pero con precisión. Nunca creí que mi mejor amigo tuviera tantos dotes. Aparte de todo, tenía una verga de los Dioses, que, como bien yo sabía debido a que nunca el sexo fue un tabú para nosotros, era de unos celestiales 21 centímetros. Me sentía viajando por la luna con cada embestida.

Tuve que empezar a gritar cuando decidió que lamerme las tetas era buena idea, y si que lo era. Me agarró de las nalgas y me abrazó un poco contra sí para empezar él mismo a moverse bajo mi cuerpo. Me penetraba con fuerza, salvaje, y perfecto. Grité su nombre antes de venirme y él me la sacó, en el proceso me acariciaba el culo. Cuando terminé me levanté para quitarme el camisón de seda y lanzarlo a donde fuera que cayera. Lo miré y me agaché hasta que mi cabeza estuvo al nivel de su pene erecto. Le hice una mamada.

Lamí, acaricié y chupé hasta que me dijo que iba a venirse. Sus fluidos se deslizaban por mi mano y yo seguí de arriba abajo más lento. Me quitó la mano para hacerlo él mismo, se sacó lo que quedaba y yo lo lamí sin reparos.

-Nunca te dije que tienes unas tetas muy ricas?

-Creo que no es muy normal que un mejor amigo le diga eso a su mejor amiga.

-Pues ahora lo es. -me besó la mejilla- May, ya culeaste? -me preguntó. Negué con la cabeza.

-Apenas si el año pasado la perdí. -dije con una sonrisa. Me miró intrigado.

-Ven. -Se levantó y me llevó con él. Seguíamos desnudos-Ponte en cuatro.

-¿Qué?-estaba confundida en ese momento.

-Que te pongas en cuatro, Amelia. -dijo. Y entendí.

-¿Quieres que la pierda contigo?

-Lo haré con cuidado, tranquila. Aun estas mojada verdad?

-Si, que con eso?

-Va a ser raro pero te voy a lubricar para que no te duela mucho, está bien?

-Supongo.-dije y tome posición. David se hizo detrás de mí antes de lamerse un poco los dedos y metérmelos en la vagina. Jugó un poco y luego sacó los dedos para untame mi fluido en el culo, como si me esparciera un gel.

-Voy a meterte los dedos primero.-y lo hizo, empezó con uno y fue aumentando, no era precisamente lo más cómodo que había experimentado pero tampoco era doloroso-Quieres que intente meterte la verga?

-Bueno.-dije y él lo hizo, de a poco fue metiéndola. Me sentí incomoda al principio, pero cuando por fin pudo meterla y sacarla mi paz y armonía volvieron.

Finalmente volvimos a tener un sexo increíble, esta vez con mi culo incluido y puedo asegurar que fue una noche increíble.

Perdonen no haber respondido, de nuevo. Pero tuve un poblema con el correo y hasta ahora pude volver a usarlo. Lo lamento mucho.

Si quieren escribirme, mi correo es:

[email protected] Responderé con gusto.

Gracias por leer,

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