Con la recepcionista del salón de masajes

Después de mucho tiempo vuelvo por acá, y revisando mis relatos vi que en uno prometí una historia que nunca llegué a contar. Bueno, ahora vengo a cumplir esa promesa.

Esta es la historia con la recepcionista del salón de masajes al que fui con mi novia de hace muchos años, Sara. En esa oportunidad, Sara y yo nos hicimos un masaje de pareja, con dos masajistas, tuvimos relaciones con ellos, para luego pasar al sauna y continuar entre nosotros. A mitad de la faena, entró la recepcionista en cuestión, y se unió a nosotros. Luego de todo esto, mi relación con Sara cambió y le pusimos fin a nuestra relación.

Un día decidí volver al salón de masajes, había tenido un tiempo largo sin tener relaciones, así que estaba bastante caliente y recordé este sitio. Decidí ir para ver si me volvía a atender con Valentina, la masajista que me atendió aquella vez. Pero al llegar y ver a la recepcionista, me obsesioné con ella. Era alta, morena, con un cuerpo hermoso. Esta vez vestía un pequeño top blanco con el logo del local, que apretaba sus hermosas tetas y dejaba ver un ombligo con un piercing. Llevaba un pantalón de lycra muy pegado, que resaltaba una nalgas grandes y redondas. Tenía unas piernas bien trabajadas en el gimnasio. Me dijo que se llamaba Karina.

-Hola, ¿Qué tal? – saludé.

-Buenas tardes – me respondió – Bienvenido, ¿Qué servicio desea?

-Quiero servicio de masaje, pero el completo – dije.

-Ok, no hay problema – respondió y me dijo el precio. Acepté. – ahora lo llevo donde están las señoritas para que elija.

-La verdad que ya elegí, me gustaría que tú me atiendas, si es posible – atreví a decir.

-No, la verdad que yo no tengo permitido atender. Si los jefes se enteran, me despiden – dijo.

-¿en serio? – dije, poniendo cara de sorprendido, tratando de hacerle recordar lo de nuestro encuentro en el sauna con Sara.

-Si – dijo entendiendo lo que insinuaba – Lo que pasó esa vez no debió pasar, me ganó la calentura. Lo siento – dijo susurrando para que nadie la oiga.

-Entiendo – dije triste – entonces me retiro, venía con la intención de atenderme contigo.

-Pero puede atenderse con alguna de las chicas que están disponibles, no se arrepentirá – dijo, mientras escribía algo en una tarjeta del local.

-No, gracias -respondí – para otra oportunidad será.

-Bueno, aquí tiene la tarjeta con los contactos para que pueda reservar en otro momento – dijo con una entonación de complicidad.

-Gracias – dije mientras me iba.

Al principio no entendí y salí un poco molesto por no poder estar con esta chica. Pero, ya estando fuera del local, vi bien la tarjeta y tenía un número de celular apuntado, con un pequeño corazón al final. Rápidamente saqué mi celular grabé el número. Me fui a mi casa y una vez en mi cuarto decidí escribir.

-Hola, me llamo Guillermo, me dieron este número en el salón “xxxxx” – escribí.

-Si, ¿Cómo estás? Soy Karina, la recepcionista – respondió unos minutos después – Como ya te dije, no puedo hacer nada acá en el local, pero para serte honesta, me gustó lo que pasó esa tarde en el sauna.

-Ok, a mí también – respondí – entonces, si vamos a otro lado ¿me podrás atender?

-Bueno, la verdad que, desde esa vez, me quedé con las ganas y no he dejado de pensar en ti. Así que tu dime cuando tienes libre.

-Ahorita – respondí – en verdad tenía muchas ganas de atenderme contigo. ¿a qué hora sales de trabajar?

-A las 7, me recoges de la plaza que está cerca al salón ¿ok? – respondió para mi sorpresa.

-Perfecto, nos vemos a las 7.

-Y otra cosita… Deja de decir que te atenderás conmigo, lo que yo quiero es coger.

Aún faltaban unas 3 horas para poder ir a buscarla, así que decidí descansar, dormí una hora para estar descansado. Me bañé, me puse ropa casual, un polo, un jean y el bóxer que siempre usaba en esa época, cada vez que iba a coger. Era un bóxer que hacía notar bastante mi pene. Solo lo usaba para esos primeros encuentros con alguna chica. No era por cábala, si no para mostrar mejor al muchacho.

Un poco antes de las 7 pm, llegué a la plaza, busqué en mi celular si había otra plaza cerca y no encontré, así que asumí que era esa. Le mandé una foto a Karina alrededor de las 7, para que sepa que ya había llegado. La poca autoestima que tenía en esa época hacía que me ponga nervioso. Pero todo acabó cuando la vi venir. Seguía vestida de la misma manera. Se le veía muy guapa.

Me bajé del carro para abrirle la puerta, al llegar me dio un beso suave en los labios. Entramos al carro y partimos. Conversamos de cosas triviales mientras manejaba. Había reservado una habitación en un hotel donde acostumbraba ir con Claudia. Al llegar, nos registramos y fuimos a nuestra habitación. Todo el camino desde que la recogí, hasta que entramos a la habitación conversamos. En ningún momento nos besamos aparte del saludo. Apenas entramos a la habitación, Karina volteó, me miró a los ojos y me dio un beso muy apasionado. Esto me calentó muchísimo. Caminamos besándonos hacia el pie de la cama, mis manos recorrían su espalda y las suyas la mía.

Después de unos minutos, nos separamos, nos miramos fijamente a los ojos sin decir nada. La tomé de la cintura y pude ver que se le marcaban los pezones en el top. La volví a besar y me pegué a ella. Luego le quité el top, sus hermosas tetas quedaron libres, no traía sostén. La volví a besar y comencé a manosear sus tetas, se sentían muy bien, firmes, de buen tamaño y redondas. Ella comenzó a desabrochar mi pantalón. Nos separamos, me quité el polo, el pantalón, las zapatillas y las medias, quedando tan solo en bóxer. Se notaba mi erección debajo del bóxer. Como ya dije, ese bóxer lo marcaba muy bien.

Ella se bajó el pantalón de lycra y las zapatillas. Solo quedó con un pequeño calzón de encaje negro. Nos quedamos mirando, admirando cada uno el cuerpo del otro.

Me acerqué a ella, la besé nuevamente, la tomé de las nalgas, esas nalgas grandes, redondas y firmes y la cargué. Seguimos besándonos mientras la cargaba, sus tetas presionadas contra mi pecho. Que bien se sentía. La llevé al borde de la cama y la senté. Al caer sentada, quedó directamente frente a mi pene. Sin perder tiempo, bajó mi bóxer y mi pene, completamente erecto, saltó frente a ella. Lo tomó con una mano y se metió el glande a la boca. Lo lamía, lo succionaba, mientras con una mano me masturbaba suavemente y con la otra sobaba cariñosamente mis testículos. Luego comenzó a meterse mi pene a la boca. Me estaba haciendo una gran mamada.

No podía creer lo que estaba pasando. La mamada que me estaba dando Karina era espectacular. Yo aprovechaba para, cariñosamente masajearle las tetas y jugar con sus pezones, que ya estaban como piedra. Estuvo unos minutos chupando mi pene de una manera deliciosa. Yo estaba en la gloria, pero después de tanto tiempo de sequía, no me iba a poder contener. La separé de mí, la empujé para que se recueste en la cama, le levanté las nalgas para poder quitarle ese calzón, que era lo único que me impedía de ver su hermosa vagina. Me arrodillé y me acerqué a su vagina, la cual estaba parcialmente depilada, con un pequeño triangulo de vellos en su bajo vientre.

Primero comencé por oler su vagina, tenía un olor bastante agradable. Luego, abrí sus labios y pasé mi lengua de abajo hacia arriba. Karina se estremeció al sentir mi lengua pasar por su vagina. Comencé a lamerla, jugaba con mi lengua con su clítoris. Comenzó a mojarse bastante. Realmente lo estaba disfrutando. Y yo también.

-Quiero chupártela de nuevo – me dijo entre suspiros – hagámoslo al mismo tiempo.

-Ok, pero quiero probar algo – dije – date la vuelta.

Se dio la vuelta, quedando de cabeza, la tomé de la cintura y con algo de dificultad, la cargué para que quede ella de cabeza, con sus muslos apoyados en mis hombros. Ella, sorprendida, se abrazó a mí, yo rodeé sus muslos con mis brazos y la tomé de las nalgas, apretándolas. Comencé a lamer nuevamente su vagina y Karina se metió rápidamente mi pene a la boca. Comenzamos con un 69 vertical muy ardiente.

Con la calentura que llevaba, me atreví a abrir sus nalgas y a jugar con su ano. Karina no dijo nada. Se sentía delicioso, intenté estirar mi lengua lo más que pude para llegar a su ano, pero no lo conseguí. Después de unos minutos, la bajé con cuidado y la eché en la cama. Me puse un condón, Me acerqué a ella y la besé. Me acomodé entre sus piernas, coloqué mi pene en la entrada de su chorreante vagina y le froté el glande suavemente, mientras con la otra mano apretaba una de sus nalgas.

-¡Métemela ya, por favor! Deseo tu verga desde hace mucho – dijo casi gritando.

-¿Quieres que te clave mi verga? – le susurré al oído.

-¡si! Ya no aguanto más métemela toda – suplicó.

Se la metí suavemente, entraba con facilidad por lo mojada que estaba. Karina me tomó de las nalgas y me empujó hacia ella hasta que mis testículos chocaron contra ella. Al ver eso, entendí que a esta chica le gusta duro. comencé con los movimientos, pero esta vez, ya no lo hice suave. La comencé a penetrar bastante fuerte y rápido. Karina gemía como loca. Se notaba que le gustaba el sexo. Estuvimos en esa pose un buen rato. Luego Karina me empujó, se levantó y me tiró a la cama. Se subió encima y de un sentón se volvió a ensartar mi pene hasta el fondo.

-No sabes lo que te espera – dijo antes de comenzar a moverse – como te voy a coger ahorita ni la putita de tu novia te ha cogido nunca.

-Ver para creer, preciosa – dije, tratando de provocarla – dame todo lo que tienes.

-Te voy a dejar sin leche por un mes, cariño – dijo, mientras comenzaba a saltar rápidamente encima de mi pene.

Se movía delicioso, movía las caderas en todos los sentidos, hacia desaparecer mi pene. Mis manos no perdían tiempo y aprovechaban para amasar ese hermoso par de tetas. Karina seguía encima dando un gran espectáculo. Yo estaba en la gloria, me levanté y la comencé a besar, mientras me apoderaba de sus nalgas. Pero Karina no quería detenerse y comenzó a moverse de atrás para adelante. Si seguíamos así, no iba a aguantar mucho. Me concentré lo más que pude para aguantar un minuto más de esos movimientos.

Luego de esa magnífica pose, la cargué y la puse en 4 en la cama. Me puse detrás de ella y se la metí de golpe. Comencé a penetrarla rápidamente y comencé dándole suaves nalgadas. como Karina no se quejaba, aumenté la fuerza de las nalgadas. Mientras la embestía, Karina movía sus caderas de arriba abajo. Me encantaba como gemía Karina, era una adicta al sexo. Había estado con varias mujeres antes de ella, pero ninguna tan fogosa como ella.

-¡Así! Dame más duro. Nalguéame – gritaba ella – quiero que me des lo más duro que puedas.

-Me encanta que seas tan puta – respondí – si quieres duro, te voy a dar duro. te voy a coger toda la noche hasta que me pidas basta.

-¡si! Así quiero. Me encantas – dijo, mientras se le aceleraba la respiración – no pares que me corro.

-Córrete putita – atiné a decir, sin parar de darle duro.

-¡Ahhh! ¡Que rico! ¡Ahhh! – gritó, alejándose de mí, mientras un gran chorro de su corrida caía en la cama.

Cayó rendida en la cama, boca abajo, con el culo parado y sus jugos chorreando de su vagina. Me arrodillé apoyándome encima de ella, le abrí las nalgas para jugar con su ano, mientras le metía el pene en la vagina. Escupí en su ano y comencé a meter un dedo. Las embestidas eran cada vez más fuertes y ya tenía la mitad del dedo índice dentro de su ano. Karina se recuperó de la primera corrida, solo para seguir gimiendo. Comencé a jugar con mi dedo dentro de su ano mientras la embestía fuertemente. Esto al parecer le encantaba, porque no paraba de gritar.

-Maldito, me vas a hacer correr de nuevo – gritó – Córrete conmigo.

-Ya, putita – dije – prepárate que ya viene.

-¡si! ¡Rápido! – gritó entrecortadamente -¡Ahhh! – volvió a correrse.

-Ahí va. ¡Ahhh! – me corrí yo también.

Caí rendido encima de ella. Después de unos segundos me recosté a su costado, ella se dio vuelta y se recostó en mi pecho abrazándome. Comenzamos a conversar, me contó que tenía varios meses trabajando ahí, pero que nunca había atendido a nadie. Que por más que le gustaba mucho el sexo, no quería hacerlo por dinero. Me contó también que cuando me encontró con Sara en el sauna, había ido a decirnos que ya debíamos salir, pero como nos vio cogiendo tan rico, se quedó mirando y se calentó.

-Estuve en la puerta un rato, viéndolos y tocándome – dijo – cuando se la metiste por el culo, fue demasiado para mí y me atreví a entrar. La verdad que también quería que me des por el culo.

-De haber sabido te lo partía en dos – dije – tu culo me tiene loco desde que te vi.

-A mi también me gustaste cuando te vi – dijo para mi sorpresa – eres mi tipo de hombre físicamente. Y después de coger contigo, me gustas más.

La conversación me estaba calentando de nuevo y el tenerla recostada en mi pecho, con sus tetas encima mío, hicieron que se me endurezca de nuevo el pene. Karina se dio cuenta y comenzó a sobarlo suavemente. Nos besamos y mis manos comenzaron a frotar todo su cuerpo. Se agachó y se volvió a meter mi pene en la boca. Yo la tomé de las piernas y la subí encima mío para volver a hacer un 69, pero esta vez echados en la cama.

-Te lo voy a dejar bien mojadito, para que me lo metas en el culo – dijo – ahora cumplirás tu promesa de partírmelo en dos.

-Entonces déjame mojar y abrirte ese culito – dije.

Abrí sus hermosas nalgas y pasé mi lengua por su ano, mientras metía suavemente un dedo. Estuvimos en esa pose un buen rato, hasta que dos dedos entraban con bastante facilidad. Su año estaba bastante mojado y abierto, así que Karina se levantó y se puso en 4. Me acomodé detrás de ella y le abrí las nalgas, mientras colocaba la cabeza de mi pene en su entrada. Fui empujando suavemente, hasta que entró la cabeza. Karina respiraba agitadamente. Dejé de empujar para que se acomode. Luego volví a empujar y entró la mitad sin dificultad. comencé a sacarlo y a meterlo suavemente hasta la mitad.

-Creo que ya la puedes meter toda – dijo – pero despacio.

Empujé suavemente hasta que choqué contra sus nalgas. Me quedé inmóvil por unos segundos, con todo mi pene dentro de su ano. Luego comencé a moverme, primero despacio hasta que sentí como Karina gemía y su mano se posó en su vagina para masturbarse. Ahí empecé a moverme más rápido. Después de unos minutos, mis movimientos eran bastante rápidos, la nalgueaba fuertemente y Karina se frotaba el clítoris con desesperación.

Me levanté despacio y puse mis piernas a los lados de su cuerpo, la agarré de la cintura y la comencé a penetrar tan fuerte que Karina tumbó su cabeza contra la cama. Estaba como poseído, dándole muy fuerte y rápido. Su culo apretaba mi pene de una manera deliciosa y no quería parar de reventárselo.

-Písame la cabeza – dijo la muy puta – siempre quise que me cojan así.

Coloqué mi pie en su cara y la continué embistiendo fuertemente. Karina ya no gemía, sino que gritaba de placer. Se estaba corriendo. No pare de moverme. Continué un buen rato así, hasta que Karina se volvió a correr y me pidió que parara.

-La quiero en la concha y que me llenes de leche – me dijo, casi suplicando.

-¿Quieres que tu concha chorree leche no putita? – dije – me encanta que seas tan zorra.

La recosté en la cama, puse sus piernas en mis hombros y la jalé al borde de la cama. Así comencé a metérsela fuertemente en la vagina, parado al borde de la cama, con sus piernas en mis hombros. Karina estaba frotándose el clítoris mientras, con la otra mano se apretaba una teta. Ya estaba por venirme, así que aceleré lo más que pude mis movimientos.

-Ya me voy a venir putita – dije, sin parar de moverme -¿Quieres leche en tu concha?

-¡si mi amor! Lléname con tu leche – dijo gimiendo – yo también me vengo.

-Ahí va entonces putita – dije, mientras soltaba toda la leche dentro de ella -¡Ahhh!

-¡Ah! ¡Que rico! – gritó, corriéndose al mismo tiempo -¡Ahhh!

Saqué mi pene rápidamente, para ver como mi leche se chorreaba de su vagina, mezclada con su corrida. Me abalancé sobre ella, la besé en la boca, luego pasé a lamer sus tetas. Ella permanecía inmóvil respirando agitadamente. Luego se me ocurrió meter dos dedos en su vagina y la comencé a masturbar muy fuerte. Karina volvió a gemir. La masturbaba con tal fuerza que la levantaba de la cama, me acomodé y metí dos dedos en su ano. Comencé a estimular sus dos orificios, hasta que un gran chorro salió de su vagina y Karina comenzó a convulsionar. Tremenda corrida que estaba teniendo.

Después de eso, nos recostamos unos minutos, para luego irnos a la ducha. Nos bañamos juntos, mientras nos enjabonábamos mutuamente. Nos besábamos y nos masturbábamos mutuamente. Su vagina se volvió a mojar rápidamente, aunque mi pene demoró en ponerse duro de nuevo. estuvimos buen rato en la ducha, hasta que decidimos salir a seguir con la faena.

-Mi amor, ahora quiero que te vengas en mi boca para tragarme esa leche deliciosa – me dijo, mientras se echaba en la cama y abría las piernas.

-Que rica que te ves así toda abierta – dije, mientras mi pene se ponía completamente duro con tremenda vista – te voy a llenar la boca de leche hasta que rebalse.

Me coloqué encima de ella y la penetré sin compasión. Comencé darle bien duro, como ya sabía que le gustaba. No paraba de penetrarla a gran velocidad, ella gemía fuertemente. Levanté sus piernas y las puse en mis hombros. La seguí embistiendo fuertemente, Karina gemía muy fuerte, mientras yo amasaba sus deliciosas nalgas. Estuvimos así unos minutos. Luego la fui girando, la puse de costado, puse una de sus piernas entre las mías, mientras que la otra la tenía levantada, flexionada y apoyada en mi pecho.

Después de unos minutos, la terminé de girar y la puse boca abajo, con las piernas juntas, me senté en sus muslos y le abrí las nalgas, para volver a metérsela en la vagina sin compasión. Esta pose me encantaba, porque podía apretar sus nalgas mientras la penetraba con fuerza. estaba dándole muy fuerte y rápido. Karina no paraba de gemir.

-¡así! Sigue, dame duro puto – gritaba – no pares.

-Toma, puta – le decía, mientras la embestía fuerte – ¿te gusta que te cojan duro no puta?

-¡si! ¡me encanta! – gritó – pero ahora quiero cabalgarte, échate.

Me separé de ella, me recosté en la cama y ella se subió rápidamente. Me comenzó a cabalgar de una manera deliciosa. Se movía realmente muy bien. Me tenía que concentrar muchísimo para no venirme. Des pues de unos minutos en esa pose, se separó de mí y me agarró de las piernas, levantándolas.

-Ahora te voy a coger yo a ti – dijo, para mi sorpresa – te voy a dominar como a un perro.

Hizo que levante mis piernas la más que podía, me pidió que las sostenga así levantadas y, sumisamente hice caso. Agarró mi pene y se lo metió en la vagina, para luego comenzar a embestirme. Era como la pose piernas al hombro, pero ella era la que se movía, haciendo como que me embestía, metiéndose mi pene en la vagina. Normalmente, me gusta ser yo el que domina, pero no se sentía nada mal.

-¿Te gusta cómo te cojo, perro? – decía, mientras se movía rápidamente.

-Sí, me encanta – me sentía dominado, pero me agradaba – cógeme fuerte, perra.

-Te voy a dejar seco, maldito – dijo – a partir de ahora, me vas a rogar para que te coja así.

-Si, mierda, sigue – no pares hasta que te corras, perra de mierda.

Me había descontrolado un poco y las palabras salían de mi boca, casi sin pensarlas. Karina no lo tomó a mal y siguió haciéndolo muy rico, hasta que comenzó a gemir agitadamente y de golpe, se separó de mí y me tiró un gran chorro en el cuerpo. me sentí como una puta a la que le tiran la corrida en las tetas.

Después de correrse, se agachó y me comenzó a dar una mamada exquisita, yo seguía con las piernas levantadas y ella sobaba la entrada de mi ano. Se sentía bien. Luego, se sacó la verga de la boca y me comenzó a lamer los testículos, para terminar, dando lengüetazos en mi ano. Todo esto lo hacía mientras me masturbaba rápidamente.

-Que rico lo haces putita – dije – me vas a hacer venir, trágate toda mi leche, como la perra que eres.

Se metió mi verga en la boca nuevamente, cuando ya sentía que me venía, la tomé de la nuca y empujé hasta el fondo, metiendo mi verga completamente dentro de su boca, hasta llegar a su garganta. Ahí boté toda mi leche, sentía sus arcadas, pero no hacia ningún esfuerzo por separarse.

-¡que rica leche! – dijo, una vez que saqué mi verga de su boca – me la has tirado hasta la garganta, puto – dijo, mientras jugaba con mi leche en la boca.

Se lo tragó toda y se recostó a mi lado. Nos abrazamos y nos quedamos profundamente dormidos.

Al día siguiente, despertamos tardísimo, ya que estábamos muy cansados después de tremendos polvosos. Al levantarnos, nos besamos y nos manoseamos un poco, hasta que Karina vio la hora. Eran casi las 10am, se levantó asustada y salió corriendo a la ducha. Nos bañamos, besándonos, me dio una mamada espectacular, hasta tragarse mi leche una vez mas y yo la masturbé hasta que se corra lanzando un gran chorro.

Terminamos de bañarnos y nos fuimos rápidamente a su trabajo. La dejé en la puerta del local, el cual aún no abría. Había varias chicas ahí, esperando, me imaginé que eran las masajistas. Definitivamente, Karina era la más guapa de todas.

Después de ese día, volví a salir varias veces con Karina. Nunca llegamos a ser novios, pero si, buenos amigos con derechos.

Fin.

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