Aquella tarde vi a Manolo, mi marido, que llegó más serio de lo que era habitual en él. Como cada día, lo esperaba en casa a que llegase, para juntos terminar la jornada.
Mi nombre es Clara, y no tengo una ocupación específica, aparte de ser la mujer de Manolo. Soy madre de un niño de 9 años y yo tengo 37, soy morena, pecho abundante, no demasiado alta, y me conservo muy bien, y sin resultar falsamente modesta, puedo presumir de ser muy atractiva.