Satisfaciendo las fantasías de mi marido

Después de escribir el ultimo relato, he recibido muchos correos y en cierto momento me desanime, la gente no entiende, sobre todo la mayoría de los hombres que me escribieron y más tarde tratare de aclarar algunos conceptos. Durante toda la semana lo hablaba con Juan, que no le daba la importancia que le daba yo. Se le quitan a una las ganas de escribir nada, mi marido Juan como Carlos, al que le consultamos mucho cuando suceden estas cosas, coincidieron en lo mismo, que no me preocupara, que escribiera y que al final si me daba la gana aclarara lo que quisiera aclarar, pero que no me estuviera justificando ni dando explicaciones

constantemente y eso es lo que voy a hacer. Me apetecía ir a ver a Carlos, pero a él le era imposible este fin de semana, me quede decepcionada y Juan a pesar del mal tiempo, me llamo el viernes por la mañana, me aviso de que llegaría un poco más tarde, que me pusiera guapa que nos íbamos a Madrid. Le decía que no estaba muy animada y el insistió, me aviso de que no me olvidara ponerme muy provocativa para él, aunque no fuéramos a hacer nada. No quería enfados por lo que le advertí que no iríamos a ningún sitio liberal.

Llegue a casa, hice unas llamadas, me puse en el ordenador y llene la bañera. Terminé en el ordenador y me sumergí en el agua con mucha espuma, unas velas y un poco de incienso. Después de ese relajante baño, me puse el albornoz y me puse a elegir la ropa para ponerme esa noche. El tiempo no acompañaba y eso que estábamos ya en primavera. A todo esto, hay que añadir que soy bastante friolera. Se los gustos de Juan con lo referente a mi vestuario, le gusta que giren la cabeza para mirarme. Me acorde de un vestido que compre por internet para la primavera, que cuando llego y me lo probé, hasta a mí me “escandalizo” seguro que no

me lo pondría para ir a casa de mis padres y menos para ir a casa de mi suegra. Lo bueno es que Juan lo había visto. Si me lo ponía, seguro que me mirarían y seguro que levantaría pasiones en los dos sexos. Me hizo gracia y me decidí a ponérmelo, total solo me verían en Madrid, porque aquí saldría muy tapadita, ni Juan lo vería al completo hasta que yo no quisiese. Dejaba ver, pero sin ver, insinuaba mucho, seguro que Juan no pondría ninguna pega por mi elección. Solo decir de momento, que no podía llevar sujetador y que iría con medias.

Estaba vestida y esperando, me llamo por el móvil para decirme que fuera bajando que ya llegaba. Para taparme y que no se me viera, me puse un trench de color negro, lo abotoné dejando solo una pequeña apertura en la parte superior para no asfixiarme. Al verme su cara era de resignación, seguro que pensaba que me había vestido de forma insulsa. Pero el tío no dijo nada, se lo guardo para sus adentros. La hora y media que tardamos en llegar, no me hizo ninguna referencia a mi vestuario. Me animaba, que nos divirtiéramos esa noche y muy amable. Me quede un poco planchada cuando me dijo donde iríamos. El lugar de las copas

perfecto, el de la cena, así que así. Era un sitio que me gustaba mucho, por eso lo elegiría, era un lugar de tapas de diseño, la pega que había mucho niño de papá y me venía la imagen quitándome el trench. Lo mismo alguno se pasaba más de la cuenta y me empecé a preocupar, aunque acabe tranquilizándome porque era un sitio que ante cualquier tontería les echarían. Fuimos al hotel que solemos ir habitualmente, dejamos el equipaje de mano y nos fuimos.

Al entrar al restaurante ya me puse roja. Estaba más lleno que nunca. Había parejas, grupos de chicos solos y de chicas también. Vi una mesa vacía y supuse que sería la nuestra como así fue. Pasamos desapercibidos prácticamente, allí cada cual está a lo suyo. Tan nerviosa estaba, que me senté y lo que hice fue desabotonar el trench, pero sin quitármelo, para que no se me viera nada y Juan me dijo que me lo quitara, no entendía porque me lo había dejado puesto, tanto insistió que me dije a mi misma, él lo ha querido. Me levante y me lo quite dejándolo en el asiento libre que había y donde había dejado el bolso. Me hizo mucha gracia la cara de Juan, me miraba a mí, miraba para los lados, sabía que le había sorprendido, eso hizo que yo me alegrara. Me senté y se acercó diciéndome que ni eligiendo el, la ropa lo podía haber hecho mejor. Era un vestido color pistacho. Con parte de la tripa al aire, con unas cintas anchas cruzadas por la espalda y por delante, el pecho bien recogido, sin que se pudiera ver nada, pero con un escote muy singular. Y la parte de la falda que era bien corta, estaba totalmente ajustada a mi cuerpo. Juan me llego a preguntar si llevaba algo debajo, mi única contestación era que lo tenía que descubrir el.

Me empezó a describir algunas miradas de los allí presentes, me lo narraba de tal manera que me excitaba. Igual que cuando vino el camarero que Juan cuando se fue me decía que había estado más mirando mis tetas que otra cosa, me hice la tonta, pero me había dado cuenta. Como también me daba cuenta de la mesa que quedaba prácticamente frente a mí, en al que había tres chicos jóvenes, sentados de tal manera que solo uno me pudo ver, ya que los otros dos quedaban de espaldas, algo se dijeron que uno cambio de sitio y ahora tenía a dos de frente. Hice como si no me hubiera dado cuenta del movimiento. Juan se había lanzado más y fue subiendo el tono de sus comentarios, sabiendo que eso me ponía a mil. Llegándome a insinuar de ir a otro sitio a tomar la copa y como le leí sus pensamientos le dije un rotundo no. Los chicos que eran monos, por lo menos los dos que veía, no dejaban de mirarme con descaro y sobre todo uno que me miraba intensamente hasta que me veía obligada a retirar mi mirada, me incomodaba y me excitaba, de vez en cuando yo miraba, no lo podía evitar, era superior a mis fuerzas.

Juan se dio cuenta y me pregunto que miraba constantemente y le dije que había unos chicos a su espalda que no dejaban de mirar. Juan disimuladamente y con la excusa de pedirle una cosa al camarero que acaba de pasar, se dio la vuelta y los vio. Empezó con las suyas, que si me gustaban, que si me los tiraría, etc. yo le pedía que se callase que al final le iban a oír. Pero dale que te pego, cada vez se animaba más y ya empezaba a decir auténticas guarradas, que empezaban a hacer efectos en mí y ayudadas por el vino que me estaba tomando. Miro a los chicos y uno de ellos, que debe ser el lanzado, me sonríe y tira un beso al iré. No sé porque me dio la risa. Salió mi vena caliente y perversa, le seguí el juego, al beber de mi copa, en la forma de mirarle. Sabía que esta loquito por mis huesos, me divertía y me excitaba. El que también se excitaba era Juan, que estaba algo borrico ya. Me animaba a seguir con mis provocaciones, pero desistí ya de hacerlo, tampoco me gustaban cogerme calentones, así como así y el mío estaba ya a un nivel peligroso. Juan nunca se rinde y siguió insistiendo para que siguiera tonteando con los chicos, para que se quedara callado y no insistiera, le dije que aceptaba el ir al sitio que quisiese a tomar una copa y el incrédulo me pregunto si era verdad, se lo volví a repetir y se puso muy contento.

Pero no estaba conforme del todo, me pidió que fuera al servicio que quería oír lo que decían los chicos al pasar, lo que opinaban de mí y que luego me lo contaría con todo detalle. Era un cabrón sabía que eso me gustaba, saber que decían de mí. Deje mi servilleta en la mesa y me levante, pasando por la mesa de los chicos, que se les caía la baba. Estuve un rato largo en el servicio, entre otras cosas porque me di un retoque a mi maquillaje. No sé si a consecuencia del vino o de la calentura, pero estaba algo sofocada. Porque mientras estuve en el servicio mi imaginación me decía que entraría el chico más lanzado y allí mismo me haría de todo, pero la realidad fue bien distinta, no entro nadie. Cuando regreso a mi mesa casi me dan un sincope, Juan estaba girado hablando con los chicos de manera muy amistosa. Sin decir absolutamente nada me senté y como estaba mi café ya en la mesa, me entretuve poniéndole el azúcar y mientras lo removía, podía sentir la mirada de alguno en mí, efectivamente el más lanzado pasaba de mi marido y no dejaba de mirarme.

Juan se dio la vuelta y recupero su posición normal. Me sonreía y me decía en voz baja si quería que me los presentara, yo le decía que no, pero no me hubiera importado. Sabía que tramaba algo, porque es incorregible y no le bastaba con mi no. Se dio nuevamente la vuelta y les dijo que quería presentarles a su mujer. Poco tardo el lanzado, que dio un bote y ya me estaba saludando y sentándose a mi lado, en la silla libre. Se llamaba Chimo y los otros dos eran Tano y Alex. Estaban estudiando la carrera en Madrid y eran de fuera. Los tres eran muy graciosos, me hicieron reír mucho, el más cortado Alex. Estaban en el último año de carrera y por lo que se veía la terminarían sin ningún problema. Chimo que era el gallo de los tres, practicaba el rugby, era el más fuerte de los tres, tenía un cuello que no era normal, tenía pinta de empotrador, de bestia y no se andaba por las ramas, notaba como cada vez más, su pierna se rozaba con la mía, como buscando mi aprobación.

Ya estábamos acabando y mi marido no se le ocurrió otra cosa que pregunta, que sitio tranquilo sería bueno para tomar una copa, que no conocíamos Madrid. Al oír la pregunta ya suponía la respuesta y no me equivocaba, se ofrecieron a llevarnos a un sitio donde todo era bueno, bonito y barato. Que además como conocían el personal, nos tratarían muy bien allí. A mí no me hacía nada de gracia, porque al fin y al cabo eran unos desconocidos. Yo con mis dudas y miedos, sin poder decírselo a mi marido porque no estábamos solos. No sé si lo intuyeron, pero se levantaron y se fueron a hablar con el dueño del local, que nosotros le conocíamos. Le exprese mis dudas y miedos, Juan me dijo que no había porque preocuparse y me conto porque estaba hablando con ellos cuando regrese. El dueño se acercó a saludar a mi marido como solía hacer siempre y resultaba que uno de los tres era su sobrino e ahijado. No es que dudé de mi marido, pero en ese momento no sabía si me estaba mintiendo y diciéndome eso para que me relajara, tenía muchas dudas y al final con cierta incomodidad interior dije que vale. Antes de irnos le dije a mi marido que para que íbamos a otro sitio si a él no le gusta bailar y porque no ir a cualquiera de los sitios que solíamos ir a tomar una copa normalmente cuando estábamos en Madrid. No me hizo ni caso. Me quedé un poco más tranquila cuando oí a Alex que se despedía del dueño como tío y este le decía que se comportaran bien.

Como ellos iban si coche quedamos en ir todos en el nuestro, aunque nuestro coche es de 5 plazas, para ir cómodos es mejor 4, porque atrás van incomodo 3 y mas ellos que eran fuertes. Pero era su problema que delante yo iría cómoda. A Juan ya le avisé de que no haría nada con ellos, que ni lo soñase y pensaba cumplirlo, aunque me tuvieran algo excitada ellos y la situación. Oigo a Juan decirme que yo fuera mejor detrás y que uno de ellos se pusiese delante para explicarle mejor como llegar. Increíble, no me gustaba a lo que jugaba, que lo conozco. Me puse en mi sitio y le dije que no me apetecía ir a ningún sitio nuevo, quería ir a un sitio en el centro y no al que decían que estaba por la carretera de la Coruña. Todos trataron de convencerme con mi marido a la cabeza, pero no me deje convencer y cuando dije que, si no, me marchaba al hotel, estuvieron todos de acuerdo y no insistieron más. Ahí no quedo la cosa, tal vez resulté un poco borde, pero les dije que prefería ir con mi marido sola, que quería hablar unas cosas con él.

No di ninguna opción y en el coche, reproche a Juan su actitud y el trataba de convencerme para que no fuese tan borde. Incluso le reconocí que no me caían mal los chavales y que si hubiera sido uno solo lo mismo todo hubiera ido de otra manera. Mientras conducía Juan, no paraba de toquetearme las piernas y subir mi mano a mi chochito. Ya descubrió que, si llevaba ropa interior, un tanga pequeño para que se me notara lo menos posible con el vestido. Estaba cachondo y me dijo que creía que no llevaba nada y eso le había apenado. Estaba convencida de que no vendrían, porque la cara que pusieron cuando les dije que no venían en el coche con nosotros era de mosqueo. Aparcamos donde el hotel y fuimos andando hasta el bar de copas, que queda muy cerca. Es un sitio que nos gusta desde el primer día, es un bar con varias zonas, nosotros siempre nos vamos a la zona más tranquila más bucólica, porque la zona de música, fiesta, baile, Juan no la pisa para nada, que eso del baile como que no. Al entrar había mucha gente, algo habitual, la gente iba allí a la primera copa porque cerraban relativamente pronto y luego se marchaban a seguir la juerga, nosotros cuando cerraban nos íbamos al hotel. Nada más vernos uno de los responsables nos vino a saludar, nos preguntó lo típico en esos casos y aunque había mucha gente nos dijo que le acompañásemos que nos encontraría un hueco.

No hay nada como ser respetuosos y ser considerados con los camareros, que vino uno que ya nos conocía y nos dijo que si lo de siempre, le dijimos que sí y se fue. Entre el ruido Juan me decía que le habían decepcionado los 3 chicos, ya que les había dado tiempo a estar allí, porque nosotros fuimos al hotel y todo. Les entendía, preferían ir a otro lugar con un ambiente distinto y donde fuera más fácil ligar, que seguro que no les costaría mucho. Entendía a juan en su cabeza se había hecho otra película. Nos trajeron nuestras dos bebidas en copa de balón como siempre, al probar la mía, note que se les había ido la mano con el licor y Juan me comento lo mismo. Llevábamos casi una hora, no creo que quedara nadie por darme un repaso con la vista y me gustaba. Juan empezó de nuevo con sus fantasías sobre lo que hubiera podido pasar con uno de los chicos. Imaginación tenía mucha y sabia como ponerme a mil. Estaba diciéndome cosas al oído y yo estaba excitadísima oyéndole cuando aparecieron los tres chavales. No sabía que decir, solo había dos asientos y no se veía ningún asiento libre por ningún sitio. Se sentaron como pudieron y nos contaron que tardaron porque le surgió una cosa al tío de Alex.

De la manera que estaba sentada sin protección de una mesa tapándome, veía como sus ojos se iban a mis piernas y más arriba, también a mis tetas que en cualquier momento a alguno se le caería la baba. Nos estábamos divirtiendo, eran muy majos. Juan y ellos se iban animando, hablando de lo guapa que yo era, de lo bien que estaba y todo ese tipo de chorradas, que se suelen decir para agradar a una mujer, pero que a mí me ponen cachonda y más si van acompañadas por esas miradas viciosas. El enredador de mi marido hablo de que a mí me gustaba bailar, pero como él era un pato bailando, que alguno podría bailar conmigo. Le hubiera dado un bofetón. Quise reprocharle a Juan lo que acababa de decir, cuando Chimo se levantó y me ofreció su mano para levantarme e ir a bailar, mire con rabia a Juan que sonreía malicia. Estire mi mano agarre la de Chimo y nos fuimos a bailar. Me hizo pasar delante de el para que me encaminara a la otra zona. Sabía que me miraba el culo, lo intuía y me gustaba. Bailamos varias canciones y me toco por todos los sitios, con mucho disimulo y pude notar de sobra que estaba cachondo. Tenía buen paquete o por lo menos eso se intuía. Joven, pero sabía lo que se hacía.

Fui yo la que quise de dejar de bailar, porque le veía cada vez más lanzado. Caminando hacia donde estaba mi marido, tuvimos que pararnos porque había gente pasando y el sin querer, eso es lo que me dijo, se pegó de golpe a mi culo, notando a la perfección su rabo. Al llegar los dos chicos estaban sentados cada uno en un asiento, por lo que quedaba solo uno libre, el descaro de Chimo me dejo sin habla y la impasividad de mi marido más. Chimo se sentó y agarrándome me llevo a sentarme encima de él. A Juan le chisporrotearon sus ojos, reconocía esa mirada. No quería moverme, pero notar ese rabo entre mis nalgas debilitaban mis fuerzas. Eran pasada las dos de la mañana y ya cerraban, los chicos querían ir a otro sitio a tomar otra copa. Yo lo que quería era irme al hotel y que Juan me follara con urgencia. Juan tenía otros planes distintos a los míos porque apoyaba lo que los chicos decían. En el hotel había un piano bar, que cerraban más tarde y a Juan tuvo la ocurrencia de decir que fuéramos allí.

En el bar del hotel había poca gente, nos sentamos apartados de los demás y una vez nos pusieron las copas, el tono de la conversación subió mucho y el centro de dicha conversación era yo. A esas alturas mi chocho me ardía y cuando me pasa eso, no soy responsable de mis actos. Los chicos se habían dado cuenta de todo seguro, el comportamiento de mi marido era evidente. Juan se fue al servicio y me dejo con los 3 buitres, que daban vueltas alrededor de su presa. Me llego un wasap, era de mi marido que me decía que sabía que estaba muy cachonda, que mi chocho estaría chorreando, que no fuera tonta, que fuera puta y eligiera a uno para llevárnoslo a la habitación y me preguntaba que quien sería el afortunado, que ya vería el cómo decírselo al que fuera. Se volvió a sentar y me miraba esperando que le respondiera, me disculpe y me fui al servicio, era verdad estaba chorreando como decía mi marido, empecé a escribir el wasap y le puse con letras mayúsculas que no sabía, que me costaba decidir. Me senté con ellos y seguían provocándome, era su víctima, pero eso cambiaria rápido. Juan y ellos querían jugar, pues jugaríamos.

Les dije que guardaran silencio un momento y se me quedaron mirando. Les dije, que, aunque estaban fuertes, que eran musculitos, se veía que eran inteligentes también. Así que ya se habrían dado cuenta, que mi marido estaba loco por verme follar con otro. Que quería que eligiese a uno de ellos y que estaba dispuesta pero solo con dos condiciones innegociables, que había que usar preservativo y que tenían que ser los 3. Ahora los mudos eran ellos 4, ya no eran tan buitres. Disfrutaba tomando mi copa y viendo sus caras. Juan se me acerco y me dijo al oído que le gustaba que fuera tan puta. No hubiera hecho falta que me lo dijera, le conocía. Cuando los chicos dijeron que sí, me puse cachonda en grado sumun y me sorprendía el descaro que había tenido. Les avise que hasta llegar a la habitación que nadie se sobrepasara.

Iba deseosa por llegar a la habitación. Juan se fue hacia el mini bar preguntando que queríamos tomar. Fue gracioso porque antes de que pudiera darse cuenta ya estábamos Chimo y yo besándonos. Sentía manos por todas partes. Por detrás alguien me tocaba y me subía el vestido y me bajaba el tanga que a esas alturas estaría todo mojado. Yo tocaba el rabo de Chimo y no estaba nada mal, estaba duro como una piedra. Estaba pasando todo muy rápido, les tuve que tranquilizar porque al final me romperían el vestido, así que me aparte un poco y me puse a quitármelo yo y les dije que les quería a todos desnudos ya. Chimo y Tano estaban bien dotados, un poco más de la media. Sin embargo, el más cortado Alex, estaba muy bien dotado, aunque si fuera un poco más gruesa no estaría mal. Me acerque a Chimo me agache y me puse a comerme su rabo, pasaba mi lengua por toda la longitud de su rabo y cuando me la metí en mi boca dio un tremendo gemido. Alguien me hacía levantarme un poco y lo entendí, una lengua me chupaba por detrás y otro me pellizcaba suavemente mis pezones. El que me lamia por detrás tenía buen alengua, sabía bien lo que se hacía y en ese momento y sin darme cuenta, Chimo me lleno la boca de semen. Ya no tenía repararos, la vergüenza se había ido de vacaciones y quería que vieran ellos y mi marido lo que era una mujer de verdad, una mujer en celo.

Me puso muy cachonda cuando Chimo le decía a Juan que nunca le habían hecho una mamada así, que tenía una mujer 10 y volvió a donde estaba yo. Me comían los pezones dos a la vez, otro me comía mi chocho de forma. No controlaba ya, eran muchas manos y muchas bocas. Me limitaba a saborear el placer que me daban y punto. Me corrí en la boca de quien me lamia y menudo orgasmo me dio. Vi a Alex como se ponía un preservativo, me dio rabia, porque me hubiera gustado que me follara sin él, no me gustaban los preservativos, pero según me metía su rabo, ya se me olvidaba todo. Mientras me follaba se la mamaba a Tano, que me la metía hasta la garganta el muy bruto. Chimo me lamia los pezones, pasando de uno a otro, era una locura el placer que me estaban dando. Oí como Juan me animaba a que lo pasara bien y a ellos les decía lo cachonda y puta que era. No lo podía evitar me ponía muy cachonda oír y ver la cara de Juan, viendo cómo se follaban a su mujercita.

Cambiamos de posición y me senté encima de Alex y dije que alguien se follara mi culo, me daba igual quien, solo quería sentirme llena por todas las partes. Tano se colocó un preservativo y entro muy bien su rabo, les costaba coger el ritmo y se salía alguno. Le dije a Alex que él no se moviera que ya lo haría yo, no tenían practica en hacer una doble penetración. Marque yo el ritmo y ahora si iba todo como tenía que ir. Tuve varios orgasmos seguidos, aguantaban mucho. Chimo estaba de pie delante y le volvía a mamar su polla. Ellos no paraban de decirme lo bien que follaba, lo guarra que era, también le decían a mi marido cosas como que tendrían que follarse más a menudo a la puta de su mujer, que no les extrañaba que fuera un cornudo consentido, porque yo necesitaba mucha marcha. En vez de enfadarme o disgustarme me provocaron orgasmos más intensos. Les costaba follar en grupo, pero eso era fácil de aprender, pero sin embargo dominaban muy bien su sucia oratoria. Me tenían destrozadita, eran un poco brutos, pero en la medida justa. Me decían que se iban a correr y les dije que se pararan, les hice sacarse los preservativos, quería notar el poder de mi boca y se las mame uno a uno, hasta que me fueron llenando mi boca de semen.

Una vez los deje, sequitos, les dije que se vistieran y que ya estaba bien. Le dije a Juan que les pidiera el número de teléfono. Ellos se lo dieron y se fueron. No entendieron mis prisas ni era necesario darles explicaciones. Lo primero que hizo Juan nada más quedarnos solos, fue comerme las tetas, donde había caído un poco de semen y luego mi boca, que la degusto durante largo tiempo, por eso quería que se fueran, que Juan probara su premio. El resto de la noche follamos poseídos por la pasión, por todo lo que me decía mi marido, recordándome lo que acaba de suceder y lo que haríamos alguna otra vez con alguno de ellos. De regreso a Cuenca, Juan me decía que nunca se hubiese imaginado que sería tan decidida.

Ahora viene la reflexión, comentario o como cada uno quiera denominarlo y lo hará mi marido como algo excepcional. Para que no me sigan llenando el correo con estupideces ni moralinas.

No pretendo justificarme si no aclarar algunas opiniones, preguntas, dudas y comentarios.

Cuando Patri a contado algo, como podréis suponer no ha podido reflejar todo lo sucedido, sería una labor casi imposible, ella lo resume como puede, quiere y dentro de lo que considera que debe de contar.

Muchas personas se preguntan si yo es que no participo, si me arrinconan, etc. No es así. Participo de la forma que yo quiero. Casi siempre entro en el juego de una manera o de otra, lo que pasa que Patri no lo quiere reflejar del todo por si me molestase y yo le digo que no me molesta. Lo que sí es verdad es que yo inicie todo esto, porque tenía fantasías de ver a Patri con otros, porque cuanto más disfruta ella, mas disfruto yo. El que no participe en todo momento y en alguna ocasión en nada, es porque me encanta ver su cara, sus expresiones, oírla, eso es impagable y si estas metido de lleno te pierdes muchas cosas. El sexo son muchas variables y una es esa, ver, oír, etc. Que luego tendré tiempo de estar con ella cuando nos quedemos a solas y es un polvo exclusivo, distinto. Porque está llena de todo, de olor, pasión, semen.

Sobre los que dicen que soy sumiso o que me humillan. No voy a discutir que en algún momento alguien pueda ver cierto grado de sumisión o humillación en ese momento sexual, en su medida proporcionada es el condimento justo para que sea perfecto. Pero es que es eso, se queda en ese momento. Porque en mi vida cotidiana, soy totalmente lo opuesto a ser sumiso. Hay que entenderlo dentro de un momento muy concreto y especifico, como que quien suele proponer soy yo, pero la última palabra la tiene Patri.

Para los que dicen que nuestro amigo Carlos me tiene sometido y otras burradas o desatinos. Carlos ha sido y es un auténtico amigo. Gracias a la página todorelatos y a Carlos, nos hemos dejado de sentir raros y distintos. Porque este tipo de situaciones, gustos, fantasías, no se pueden compartir con amigos de siempre y menos con familiares, porque te tacharían como mínimo y con suerte solo de depravado. Hablar con él durante mucho tiempo y según cogíamos confianza nos llevó a comprender mucho de esta vida y más a Patri que ahora lo entiende todo mucho mejor que yo. Carlos fuera de ese ámbito, es el hombre más respetuoso y nunca me hizo sentir mal. Ni cuando hablamos los dos solos claramente, porque sabe de sobra lo que pienso y sobre todo lo que quiero. Hay hombres que lo practiquen o no, seguro que me entienden.

Como hay gente que vive de criticar, porque les encanta hacerlo a poco que te salgas de lo políticamente correcto. A esas personas les diría que no se molesten en escribirnos. Más que nada para que no sufran por nuestra indiferencia.

Juan.

P.D.: Este relato ya lo publiqué el 27-Mar-17 junto a otros 4 más en otra página, pero ahora he recalado aquí como otros amigos y empezare a publicar aquí. Lo digo porque yo escribo en tiempo real, aunque no escribo muy a menudo. Hasta aquí llegaron mis relatos, no han sido muchos, pero espero que resulten interesantes. El siguiente que no tardará mucho si las cosas se producen como yo quiero.

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