Pasaban las semanas y cada vez que iba a lo de mi novia, María o la madre me decían “ya falta poco para los 18 de Josefina”.
Josefina, mi cuñada era un bombón.
Pelo castaño claro, 1.68 de altura, preciosa de cara, labios carnosos, ojos verdes, las tetas de la madre y el culo de la hermana. Yo creía que era muy tímida porque casi no me hablaba, pero aparentemente era por ser el novio de la hermana y porque María le había contado algunas “cositas” que la ponían nerviosa.