Eran las tres de la madrugada y el calor se hacía notar, me costaba adaptarme a la idea que mi marido yacía muerto allí en su cajón de 3.000 dólares. Su dinero esta vez no pudo salvar el destino que ya tenía marcado.
Su expresión reflejaba una paz y tranquilidad a la cual no estaba acostumbrada ver en él.
Me sentía extrañamente feliz, todavía estaban en mis recuerdos los vejámenes y las humillaciones que me hacía pasar este viejo pervertido, ahora estaba allí, frío e inmóvil.
Lejos quedaron aquellos días en que me obligaba a tener relaciones cuando él quería, me daba por el culo cuando a él se le ocurría hacerlo, me quería convertir en su puta y lo estaba logrando realmente.
Ahora todo cambio para mí, desde que mi padre me vendió a este viejo cuando yo tenía apenas 18 años, mi pesadilla duro poco más de tres años, por fin volví a sentir el aroma de la libertad.
La situación no daba para más, estuve todo el día fingiendo ser una viuda desconsolada, lloré un par de veces para ponerme a tono de las circunstancias, ver a mi marido en su lecho de muerte, el olor de las flores que envolvía la sala, la atenta mirada de los amigos de Alfonso, me estaban excitando.
Después de todo era una viuda, y muy joven, con un cuerpo más que deseable. Ese día me vestí para la ocasión, usé un vestido largo y ajustado al cuerpo, que resaltaba mi figura especialmente mi cola perfecta, deseada, también llevaba un escote que dejaban ver un poco mis senos bien formados, mi cuerpo invitaba al sexo y al placer.
Los únicos que quedaron hasta esa hora eran dos de sus amigos que yo conocía porque a veces los llevaba a casa, para jugar a las cartas, siempre me miraron con ganas a pesar que Alfonso me obligaba a usar ropa holgada, era celoso y no quería que me miraran más de la cuenta.
Les pedí que me esperasen un momento que iría al cuarto de al lado a arreglar unas flores y conseguir algo de café.
Me retiré moviendo el trasero de una forma muy sexy los tipos me miraban, y el no saber donde tenían plantada la mirada me generaba ideas demasiado provocativas.
Al darme vuelta los sorprendí embobados mirándome el trasero, ensayé mi mejor sonrisa sabiendo que alguno de ellos me seguiría.
Los nervios y la excitación no me dejaban armar el ramo de flores, esperaba con ansias que se abriera la puerta y poder estrenar mi condición de viuda.
Cuando pensé que mi plan no dio resultado, ingresaron al cuarto Juan al que apodaban “Fotoman” y el otro más joven llamado Daniel.
La expresión de alegría en mi rostro no se pudo disimular, a lo que Fotoman expreso.
—Permiso Laura vinimos a ver si necesitaba que le ayudemos en algo.
Mi respuesta no se hizo esperar, y espero no arrepentirme de lo que iba a decir.
—Si necesito que alguien consuele a esta viuda, necesitada de amor y afecto.
Ante tamaña declaración los dos se abalanzaron sobre mi como perros en celo, comenzaron a tocarme por todos lados. Fotoman desde atrás murmuró a mi oído.
—Tu cola discúlpame que te lo diga, pero esta fantástica —sentí como dio un paso hacia mí y luego posó suavemente sus manos en mi cintura.
Apoyó su bulto en mi trasero, pude sentir sobre mis nalgas su excitación, el maldito me estaba apoyando descaradamente.
El más joven mientras tanto se encargaba de sobarme los pechos y con la otra mano tocaba mi concha a través de mi vestido.
Empecé a rozar mi cuerpo contra el de ellos, con mis nalgas trataba lenta y suavemente de atrapar lo que me estaban apoyando. Estaba cumpliendo con una fantasía retenida durante mucho tiempo, y no tenía fuerzas para evitar que abusaran de mi cuerpo. Las caricias de ambos se tornaron con más fuerza, sus dedos querían traspasar el vestido para meterse en mis orificios. Estaba fuera de mí, no dejaba de pensar en lo morboso de la situación. Tenía que frenar un poco la excitación de ellos, y también la mía.
—¡Ya basta! Van a romperme el vestido, si quieren tener algo conmigo será con uno solo. Ustedes deciden mientras tanto yo me iré desvistiendo.
Vi que Fotoman murmuró algo al oído del más joven, aparentemente se estaba sacrificando para que me coja Daniel.
Me di vuelta y comencé a sacarme la ropa lentamente, para provocarles una excitación mayor de la que ya tenían. Me quedé solamente con una ropa interior muy sexy, que mi difunto esposo me obligaba a usar en sus secciones de sexo.
Quedaron duros no podían creer que este cuerpo estaba a punto de entregarse.
De seguro me veía fantástica, lo note al mirar como el bulto en sus pantalones crecían, los mire como diciendo quien será el primero.
Al verme así vestida Daniel se sacó los pantalones como un rayo, me abrazó y me besó apasionadamente, yo respondía a sus besos dejando que su lengua explore los rincones de mi boca, mezclando mi saliva con la de él.
Su pene apretaba mi ombligo, lo tenía durísimo, sentí deseos de tenerlo en mi boca.
Lo miré a los ojos y le dije.
—¿Me dejas que chupe tu pija? Prometo tragarla toda.
Me sentía muy puta hablando de ese forma, sin esperar respuesta de él comencé a bajar despacio besando su pecho, hasta llegar a su polla.
Era la primera vez que tenía en mis manos una pija que no fuera la de mi difunto esposo el tamaño de este era mayor, y me excitaba, me calentaba la idea que aquel miembro me brindaría el placer que nunca me dio Alfonso. Su glande estaba húmedo y manchaba mi mano cuando lo acariciaba, no aguante más y me lo tragué de un solo envión, y comencé a chupar en forma pausada por momentos, y aceleraba de a ratos.
Su miembro no cabía todo en mi boca, con esfuerzo su punta llego a mi garganta, lo que me provoco arcadas. Sin lugar a dudas le estaba provocando un gran placer.
Entonces él me agarró desde la nuca y comenzó prácticamente a cogerme por la boca, sentí que estaba pronto a venirse, entonces me levanté no quería que acabase tan pronto.
Necesitaba sentir su polla dentro de mí, sin perder el tiempo lo senté en el amplio sillón que allí había, y con mi mano dirigí la punta de su glande en mi conchita, se fue metiendo lentamente, quería disfrutar centímetro a centímetro de esa tranca, lo estaba cabalgando y el placer que en ese momento me estaba provocando era indescriptible.
Mientras tanto él se encargaba de mis tetas las succionaba como si quisiera sacar leche de ellas, yo me movía como una serpiente, como una puta experta en coger penes.
Sus movimientos de mete y saca, se tornaron rápidos, violentos y descontrolados, lo que provocó que explotara en mi primer orgasmo, el primer orgasmo producto de una cogida, mis líquidos chorrearon su palo hasta llegar a sus testículos. Mucho era el placer que me estaba provocando, que mis gemidos casi convertidos en gritos de seguro se escuchaban hasta la sala donde velaban a mi marido.
Él ya no se movía, noté que quería contener la eyaculación para prolongar la cogida, mientras tanto a mí no me importaba, devoraba su herramienta por entre mis piernas, en un mete y saca frenético, como una yegua complaciendo a su jinete.
Me gustaba sentirme su puta, las clases de sexo que había tenido con Alfonso me sirvieron de mucho, la cogida que estaba ofreciendo era solo una parte de lo que yo podía dar.
No aguantó y pude presentir lo que se venía, con movimientos fuertes y precisos descargo toda su leche en mi interior.
—Mmmm Laura mi amor si movete asiii aaah te lleno de mi leche putita descargué todo dentro.
Lo miré sumamente complacida de haber provocado tanto placer en él, sentí como si fuera mi primera vez, estaba feliz, pero todavía quería más.
Me sentía bastante puta esa noche, quería demostrar todo lo que había aprendido, un pensamiento perverso pasó por mi cabeza, ya nadie más quedaba en el velatorio más que nosotros.
Lo miré a Juan que se masturbaba en un rincón y le dije.
—¿Quieres cogerme el culo? De seguro si por la forma que siempre me miraste habrás tenido fantasías de meter tu pija en mi culo.
—Si Laurita tenés una cola preciosa sería un gran honor cogértelo.
—Bien Fotoman soy toda tuya te lo mereces por haber sido obediente y esperado tu turno, pero vamos a la sala donde está el muerto, supongo que no tendrás problema ¿verdad?
Sin esperar que me responda lo agarré de su pene y lo conduje hasta el féretro, vi el rostro sin expresión de Alfonso y le dije.
—Llegó la hora de mi venganza, aunque no puedas verme, sé que desde algún lugar estarás retorciéndote viendo cómo se la cogen a tu mujercita delante tuyo.
Agarré el pedazo de Juan y lo comencé a chupar, ya lo tenía parado pero dentro de mi boca me pareció que aumento el tamaño. Era una perra, una perra que quería seguir jugando o que jugaran con ella.
Mientras me acariciaba el culo, me empezó a dar pequeños golpes en la cara con su verga.
—Laura no sabía que te gustaba tanto chupar vergas, mmmm sos experta —empezó a introducir un dedo en mi estrecho culito— ¿Qué diría mi amigo si te viera con mi verga en la cara?… aaaah… ¡anda! abre la boca puta.
Sus palabras me calentaron aún más y chupé su verga de forma hambrienta, mientras mis labios la recorrían de arriba hasta donde alcanzara a entrar en mi boca, mi mano apretaba y masturbaba lo que quedaba fuera de está; mi lengua acariciaba su glande sin descanso y mi cola se meneaba sin cesar.
Me incorporé su pene estaba a punto. Le dije.
—Juan quiero que vea lo que se va a comer.
Caminé lentamente frente a él. Mis pasos mejor ensayados se los mostré, le miré su pene que daba pequeños brincos, con el tremendo espectáculo que le estaba obsequiando, no se podría dar cualquiera, me gustaba verlo tan excitado.
—Ya no aguanto Fotoman ¡quiero tu verga en mi culo ya! Demostrame que lo sabes hacer.
Se paro detrás de mí. Lo miré, estaba mirándome el culo ya desnudo y mi entrepierna totalmente expuesta. Puso su mano sobre mi húmeda vagina y la acarició impregnando mi escaso vello con mis propios flujos.
Con los dedos lubricados por mi concha los introdujo en mi culito, estaba preparando el terreno para lo que vendría, me di cuenta que sabía lo que hacía.
Lo dejé de mirar cuando me tomó de las caderas, ubicó la punta de su miembro en el agujerito del culo y empujó.
Lentamente el glande se habría paso por el estrecho orificio, la tenía grande, pero la calentura que llevaba dentro me hizo tolerar el dolor.
Me clavó la verga en todo su esplendor, y comenzó lentamente a moverse dentro de mí.
No podía creer que toda esa barra de carne estaba dentro de mi colita, sus movimientos aumentaron y ya me arrancaba gemidos de placer.
El dolor y el placer se mezclaban de forma exquisita entre mis piernas.
De pronto empezó a moverse violentamente, me tenía agarrada de las caderas y me empujaba hacia él con la misma fuerza que me estaba clavando. Pude sentir su barriga sobre la parte baja de mi espalda cuando se inclinó para agarrarse de mis tetas; estaba sobre mi follándome salvajemente. Sus testículos chocaban en mis nalgas.
—Y tu culo… mierda, que bueno esta, tienes un culo de ensueño puta… y quien te lo está cogiendo soy yo… aaaah… y no ese marica de tu marido que bien muerto esta… que culazo puta… ¿te gusta que te den por el culo perra?
Ya no era dueña de mis actos, por momentos era yo la que me estaba cogiendo esa pija, me movía sin dejar de lanzar gemidos, me di vuelta y me recosté de espalda.
—Venga Juan métame su pijota en mi predispuesto culo.
De un solo envión lo clavó hasta los huevos, tras de mi se movían los candelabros de las velas, estaba en el velorio de mi esposo y yo gozando como una perra.
Enterraba su mástil hasta el fondo para después sacarlo casi por completo, y sin darme cuenta tenía otra vez sus testículos chocando en mis nalgas. Si que me estaban dando una soberana cogida. Sus envestidas hacían moverse mis tetas para todos lados.
—Seguí Juan no pares seguí dándome, que me encanta tu pija seguí ahhh…
Estalló mi segundo orgasmo, fue largo e intenso, pero me dejó satisfecha; me dejó cansada y más calmada.
Mientras él estaba a punto de venirse mire su rostro de satisfacción, una mueca de placer me decía que estaba a punto de estallar en mi culo.
Sentí su semen tibio y espeso recorrer el interior de mis intestinos.
—Ahhh Laura acabé en tu culo aaah mmmm gracias Laura gracias por darme tanto placer.
Sacó su mástil y como una buena chica sumisa le limpié el falo a base de lengüetazos. Pude sentir el sabor de los restos de esperma que quedaban todavía. Me sentía inmensamente feliz, resultó muy bueno esperar tanto para poder sentir placer.
Luego se vistieron y se marcharon, ya estaba amaneciendo y yo acá tenía que continuar con el velorio, los despedí con un beso en la boca a ambos, y prometieron visitarme pronto para volver a darme el pésame.
Espero que este relato haya sido de su agrado.