Los deseos ocultos de Sandra

Siempre he sido un poco fría, mi esposo es un pastor evangélico, y también como yo, poco interesado en el sexo. Hace poco tiempo descubrí que tenía relaciones con algunas jóvenes de la escuela dominical, no me dieron celos y me dio lo mismo. Conozco a mi marido, y sé muy bien que con lo “poco que tiene”, ni diez centímetros, apenas complace a esas jóvenes inexpertas.

Tengo 38 años, morena, pero de ojos verdes, buena figura, mis caderas y mis pechos exuberantes sé que son atractivos a los hombres, así que cuido de vestirme muy recatada nada provocativo.

Íbamos a ir con mi esposo a una congregación en un pueblo minero, pero después, me pidió que fuera sola, ya que tenía que ayudar a sus “alumnas” de la escuela dominical. Sé que puedo hacerlo sola así que pensé que sería lo mejor, dejarlo solo y poder demostrar que no lo necesitaba.

Tome el bus y después de tres largas horas llegue al pueblo, y para mi sorpresa la congregación se había ido a otro pueblo hace unos días. El pueblo estaba lleno de hombres solos, grandes y fornidos. Algo en mí se despertaba, creía que era la emoción de hacer algo por mi cuenta y no a la sombra de mi marido.

Me registre en el hotel y me dieron una habitación grande, con una cama gigante y con muchas almohadas. Arregle, mis biblias y mis folletos religiosos en una mesa en el centro de la habitación.

Ya era algo tarde así que bajé al comedor del hotel, cené algo y cuando me retiraba dos hombres se me acercaron y me preguntaron a que venía por el pueblo, les conté de mi trabajo de evangelización y les dije que tenía unos folletos que mostrarles.

Me acompañaron a la puerta de mi habitación yo entre y fui por los folletos, pero al darme la vuelta ya estaban adentro y con sus penes afuera, eran grandes, largos y completamente erectos, las cabezas brillaban y se veía en ambos una gota que casi caía… me estremecí y no pude articular palabra. Mis piernas flaquearon y caí de rodillas apenas afirmándome de la mesa, ellos se acercaron rápido y pusieron sus miembros cerca de mi cara. Yo tiritaba de miedo, pero al mismo tiempo en mi vientre y entrepierna se empezó a sentir un calor extraño y mi respiración se volvió jadeante.

Tome sus penes e intente de abarcarlos con mi boca ansiosa, pero era imposible meterlos los dos en mi boca al mismo tiempo, incluso uno era difícil, sus penes eran fuertes, diría de más de 25 centímetros, sus cabezas relucientes y jugosas me hacían delirar de excitación.

Después de algunos minutos de hacerlos gozar con mi boca y lengua, me tomaron en brazos y me tiraron encima de la cama, me acariciaban, besaban y me iban sacando la ropa lentamente. Ya completamente desnuda, uno me separo las piernas y comenzó a lamer mi clítoris, mientras con mi boca hacia gozar al otro. Después de unos minutos me penetro y fue como si mi cuerpo estallara de deseo y lujuria, su miembro llegaba muy arriba haciéndome gozar como nunca, lo tiré a un lado y me subí rápidamente sobre él, mientras el otro tipo se puso encima mío buscando penetrar mi culito… y después de un momento lo logro.

Tenía a los dos haciendo en un trio perfecto, yo era el salame del sándwich de sexo, sentía el pene de los dos muy dentro de mí, entrando y saliendo casi en forma sincrónica, mi ano se había dilatado y sentía como ese pene entraba bien adentro, después de varios minutos logre un orgasmo brutal, mi cuerpo vibraba entero, de mi vagina salían chorros de líquido, ellos también eyacularon dentro de mi sus líquidos, tantos que me sentía mojada por ellos hasta las rodillas por abajo y casi hasta el cuello por arriba.

Paramos unos minutos y mi boca volvió a poner duros sus miembros, esta vez me hicieron terminar a lo perrito, en cuatro. uno primero y otro después.

Quería más, y sé que hacían sus mejores esfuerzos, pero ya estaban saciados, uno me pidió permiso para traer a otros amigos, a esa altura sentía que el deseo me dominaba y acepté, pensé que vendrían dos más y mis deseos crecían por tener a dos hombres más que me hicieran gozar.

No pasaron ni dos minutos cuando en mi cuarto había 8 hombres, todos grandes y musculosos, al verme desnuda se desvistieron rápidamente, al principio me asusté, pero cuando vi sus penes el deseo aumento y las ganas de ser nuevamente penetrada también. Varios de ellos lo tenían más grande que los dos primeros. Varios se tiraron en encima de mi besando me entera poniendo sus miembros cerca de mi boca y yo tratando de complacerlos a todos en un éxtasis demencial.

Al cabo de varios minutos uno termino en mi boca y cara, después otro también. Uno de los que lo tenía más grande me penetro y me excité tanto que volví a tener otro orgasmo.

Y así durante toda la noche se fueron alternando para penetrarme por todos mis orificios. No sé cuántos orgasmos tuve, pero fue una gran noche. Creo que el último se fue como las 6 de la mañana y al menos se llevaron los folletos y algunas biblias.

Al otro día apenas me podía mover, muy adolorida apenas llegue al bus que me llevo de regreso a la ciudad y desde entonces he estado visitando otros pueblos en mi tarea “evangelizadora”.

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