Infiel en la boda de la prima

Dicen que las bodas son para dos cosas, celebrar el compromiso de dos personas, y celebrar la soltería del resto de los invitados. Lo interesante en lo que les voy a contar es que yo no estaba soltera, y aun así celebré mi falsa soltería. Mi nombre es Nicole, y estoy en una relación desde hace unos cinco años, y estoy comprometida hace unos tres meses con Francisco. No tengo dudas que Francisco es el amor de mi vida, desde el momento que nos conocimos caí perdidamente enamorada, incluso cuando llevábamos pocos meses de relación me fue infiel, infidelidad que perdone, y desde entonces su actitud cambió rotundamente comprometiéndose a la relación.

Todo el mundo me decía que tenía un boleto para cobrarle su traición; sin embargo, nunca me interesó engañarlo, o al menos hasta esa noche. Me describo brevemente sobre mi físico, tengo un tono de piel trigueño, pelo oscuro y si bien no me considero de rostro feo, mi atractivo mayor es mi cuerpo. No tengo unos senos muy grandes, incluso podría decir que son pequeños, pero tengo un abdomen plano, piernas gruesas, una cadera y cintura muy bien torneada, y modestia aparte, un culo bastante grande.

Un día, mientras transcurría mi rutina diaria, mi teléfono vibró y descubrí un mensaje que anunciaba la invitación a la boda de mi prima, donde lógicamente mencionaba que podía llevar a mi pareja. Sería un momento especial para reunirnos como familia, siendo que no era muy seguido que nos viéramos todos. Cuando comente a Francisco sobre la boda, me desilusioné bastante cuando me recordó que en esas fechas teníamos planeado viajar con otros amigos. Conforme se acercaba la fecha, las discusiones eran más constantes, yo planteando de que una boda es un evento especial y más si se trata de un familiar, mientras él justificaba de que hace bastante teníamos planeado este viaje. Cada vez las discusiones más intensas llegaron a su punto más alto una semana antes de la fecha, donde finalmente nos mandamos al diablo, concluyendo que yo iría sola a la boda, y que él podía hacer lo que él quisiera, que a mí no me importaría ir sola.

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Llegó el día de la boda, en la mañana salía mi novio de viaje, tras una serie de mensajes algo cortantes le deseé suerte y él a mi.

N: Buen viaje me avisas al aterrizar, te cuidas

F: Gracias, igual te cuidas

Bueno, ya el de viaje, solo quedaba centrarme en esa noche, la gran boda que me costó casi un mes de discusión. Fui con otras primas igual invitadas a realizarnos las uñas, peinados y entre nosotras nos maquillamos. El vestido que decidí usar era uno rojo, largo, de tirantes, que dejaba a la vista mis piernas que si bien era algo pegado a la parte superior, era suelto de la cintura para abajo. Si bien disfruto aprovechar mis atributos, tener un culo de tamaño considerable hace que muchas prendas se vean vulgares (o sexy dependiendo del acontecimiento), en este caso al ser una boda intentaba verme dentro del marco de lo “formal”.

Empieza la boda, un evento bastante bonito, se llevó a cabo la ceremonia religiosa, la civil, el vals, los discursos, todo lo clásico que hay en una boda. Al momento de sentarnos para cenar y posteriormente tomar mi mesa fue ordenada de manera que solo estábamos personas “jóvenes” por así decirlo, encontrando algunos familiares de mi edad o inmediaciones, algunas de sus parejas, y algunos amigos o familiares tanto de la novia como del novio. La hora de la comida pasó sin sobresaltos, a exceptuando que uno de los que estaban en la mesa no me desprendía el ojo de encima, mirada que en algunas ocasiones yo correspondía con una tímida sonrisa, no en plan coqueteo, pero no sabría describir en qué plan o motivo devolvía una sonrisa. El que me miraba constantemente era un chico relativamente alto sin llegar a pasar el metro ochenta (1´80), de ojos oscuros, pelo oscuro algo despeinado, tez poco más clara que la mía, ojos penetrantes, mandíbula bien definida, y aparentemente un físico si bien no diría de gimnasio podría describirlo como bastante bien mantenido.

Antes de salir a bailar empezamos a tomar todos los que estábamos en la mesa acabando totalmente una botella, y dejando a medio tomar una segunda. Siendo que todos o al menos la mayoría ya estábamos entonados con las copas decidimos unirnos a la pista de baile. Inicialmente todos bailábamos en grupo en una bolita de personas, sin embargo cuando pusieron cumbias poco a poco cada uno bailaba en pares, algunos con sus parejas respectivas, otros con las personas más cercanas, empecé a sentirme un poco triste porque me imaginaba bailando con Francisco, pero de golpe me sacó del trance una mano que me jalo invitándome de manera no verbal a bailar, mi sospecha de quien podría ser fue acertada, fue aquel chico que no despego su mirada de mi en la mesa.

J: Mi nombre es Julián un gusto

N: Un gusto, Nicole -Repuse algo tímida todavía

Con una charla bastante simple me enteré que era un amigo cercano del novio. Era una persona bastante alegre, el al tener una botella en su mano constantemente me hacía tomar puro alcohol, además de invitar a los demás de la mesa que se encontraban relativamente cerca.

J: Y tienes novio? Dijo Julián en parte de la conversación

En menos de un segundo tuve una guerra moral en la cabeza, pensando si tendría que decirle que si, o decirle que no. Inmediatamente pensé, porque negaría a mi novio, acaso querría algo con este chico, o más importante, ¿quiero engañar a Francisco?

N: Es complicado- Respondí saliendo por la tangente.

Sintiéndome aliviada ya que no dije que si o no, permitiendo ganar un poco de tiempo para resolver mis problemas morales en la cabeza. Poco a poco la moralidad se fue perdiendo conforme la noche avanzaba, siendo ahogada por el alcohol que ingería, demostrándolo en mis cada vez movimientos y pasos más cercanos a Julián. Como es normal en cierto momento, la necesidad de ir al baño me surgió.

N: Ahora vuelvo- Le dije a Julián mientras emprendía mis pasos camino al baño.

Emprendí mi viaje, dándome cuenta que mi visión estaba algo borrosa, delatando mi estado de embriaguez. El baño de mujeres tenía una fila bastante considerable que no planeaba realizar, por lo que pregunte a un mesero si había algún otro, a lo que me respondieron que había uno un poco alejado de donde nos encontrábamos (el salón era bastante grande), lógicamente tardaría menos yendo hasta ese lugar que esperando la fila por lo que me dirigí. Llegó al sanitario el cual está completamente vacío, me dispongo a realizar mis necesidades, y posteriormente cuando me acerco al lavamanos veo ingresar a Julián con una sonrisa coqueta.

J: No me dijiste que tan complicada era tu situación cuando te pregunte si tenías novio.

Apenas dijo eso se acercó a mí y me plantó un beso sin esperar mi respuesta, si bien no sabía cómo responder en ese instante, por mi mente atravesó la pelea que tuvimos además de la infidelidad que alguna vez perdoné. – Qué diablos- pensé en mis adentros, y mientras posicionaba mis manos en su nuca acercando su cuerpo al mío me dispuse a corresponder el beso.

No fue un beso romántico, ni tranquilo, fue algo mas salvaje y desesperado, como si de una necesidad se tratase. Eventualmente mi mente hizo un chasquido, dándome cuenta que en cualquier momento podría ingresar alguien al baño, entonces lo jale de la mano dándonos una pausa a aquel exasperado beso, y lo metí a uno de los varios cubículos vacíos. Una vez dentro me empujo apoyándome contra una de las pegadas paredes que había siguiendo el morreo, con la diferencia de que en este punto parecía que sus manos tomaban conciencia propia, empezó a apretar mis nalgas por sobre el vestido, pero conforme seguía manoseando y disfrutando sentía como poco a poco subía levemente el vestido. Eventualmente sus manoseos y movimientos de manos lograron sin que yo pudiese notar levantar mi vestido, dándome cuenta el momento que sentí su mano tocar la piel de mi nalga. La poca cordura que aún traía dentro mío hizo que me separe de sus labios para pedirle parar pero antes de poder emitir la primera palabra, su boca atacó inmediatamente a mi cuello, y sus roces en mis nalgas se volvieron apretones.

N.- Hay no, esto no está bien por favor para- Dije suavemente en su oído, pero las palabras no salieron de forma firme como planeaba, sino que las mismas fueron entrecortadas por gemidos ahogados.

Sus besos en el cuello se volvieron pequeñas mordidas, mientras sus manos ya buscaban hacerse espacio por debajo de la ropa interior. Esa mordidas pronto serían más intensas y lo más probable es que dejen marca, no podía dejarme hacer eso porque lógicamente sería muy obvio que fui infiel, pensé en escapar, pero es lógico que de aquí no saldría fácilmente, entonces se me ocurrió una idea. Lo empuje de manera que se sentara en el inodoro, y después de darle un beso corto en la comisura de sus labios me arrodille, desabrochando su cinturón, y retirando hasta la altura de los tobillos el pantalón. Entre su miembro y yo solo quedaban sus boxers que impedían que lo viera, lentamente y manteniendo el contacto visual con Julián retires su última prenda. Baje la mirada para encontrarme con un miembro no gigantesco, tampoco pequeño, normal lo definiría, levemente más grande que el de mi novio.

Con ambas manos agarró el trozo de carne y empiezo a jugar con él, subiendo y bajándolo de manera suave, mientras intercalo mi mirada de su miembro a su rostro para ver su mirada embobada en lo que yo hacía. Mi intención era hacerlo terminar lo antes posible, si bien ya había cometido la infidelidad, algo de mi me decía que era más excusable hacerlo lo más rápido posible, pero solo ver su trozo, ya en mis manos, fue algo casi hipnótico y sin pensarlo mucho lo metí en mi boca. En un inicio solo metía la cabeza entre mis labios, pero poco a poco iba metiendo más centímetros. No estoy segura si pasaron segundos o minutos, pero cuando me di cuenta la cabeza de su miembro ya rozaba el inicio de mi garganta, y gran parte de su carne estaba dentro de mi boca, mientras mi cabeza subía y bajaba de manera casi desesperada.

J: Para un rato, a este paso me harás terminar- Decía Julián con una voz que denotaba su agitada respiración.

N: -Esa es la idea- Intente responder inmediatamente, sin embargo solo emití un sonido ahogado de mi boca por tener todo su miembro en mi boca.

Julián me agarró de los hombros y como si pesase lo mismo que un muñeco de trapo me apoyo frente a la puerta dándole la espalda.

J: Es mi turno- Dijo Julián con una voz cargada de perversión, inmediatamente levantando mi vestido hasta mi cintura.

No estoy segura del por qué no reaccioné, intento convencerme que fue por la rapidez de Julián, pero la realidad es que realmente deseaba seguir en esto, ver hasta dónde podía llegar.

Bajo con suavidad mi ropa interior, y separando levemente mis nalguitas hundió su cara en mi culo. Sus lamidas eran largas, pasaba su lengua desde mi sexo hasta llegar a mi ano, cuando rozaba alguna parte sensible frenaba unos segundos y repasaba esas zonas antes de seguir su camino. Cuando dejo totalmente húmeda hasta mi alma con su saliva, me inclino poco mas y se centró en devorar mi sexo mientras con una mano aun apretaba mi culo y con la otra masajeaba la parte externa de mi intimidad. Estaba en el jodido cielo, toda moralidad o culpa que tenía había desaparecido totalmente, mi intimidad estaba hecho un rio de lo húmedo,

N: Por favor no te detengas, sigue, me encanta- le decía a Julián entre gemidos totalmente derrotada

J: Te encanta no putita? Dime que sientes por mi- Decía Julián dándose pequeñas pausas a su trabajo oral.

N: Me encanta, me encantas, por favor sigue, hazme tuya- Gemía sumisa ante Julián

Mis gemidos y palabras Julián las tomo como invitación a dar el siguiente paso. Freno todo lo que hacía, con cierta tristeza y desesperación de que siga mire atrás con el fin de exigirle que siga. Lo vi de pie, apoyándose con una mano en la puerta en la que igual estaba apoyada, mientras con la otra mano posicionar su miembro en mi entrada. Sin previo aviso de un solo empujón metió toda su masculinidad dentro mío.

N: Ahhh- Deje escuchar un sonoro gemido, que si alguien estaba en otro de los cubículos seguramente lo escuchaba.

El movimiento de caderas de Julián se hacía más constante y rápido conforme pasaban los segundos, generando el sonido de aplauso por el choque entre su pelvis y mis nalgas. Iba a empezar a gritar de forma muy sonora, y sabía que no era el lugar adecuado, con una de mis manos acercó la suya a mi boca empezando a morder y chupar su dedo pulgar con el fin de acallar mis gemidos. Eventualmente la otra mano de Julián empezó a apretar mi cuello ahorcándome de una manera muy suave, mientras acerco sus labios a mi nuca empezando a repartir algunos besos muy húmedos ahorcándome de una manera muy suave, si mi intimidad estaba húmeda, con esto último ahí abajo tendría una catarata.

J: Ya me voy a venir- Dijo casi gritando, mientras apretaba mi cuerpo contra el suyo

Casi por instinto saque el culo lo más posible pegándome a él intentando poder estar el mayor tiempo posible unida a él. El al jalarme y yo empujando mi cuerpo sobre Julián, perdimos el equilibrio cayendo de golpe sobre el inodoro aun unidos, él sentándose sobre el retrete y yo aun con su miembro en mi interior cayendo en sus faldas penetrándome más si es que eso era posible. Casi de manera inmediata sentí como su semen me llenaba el interior.

Entre jadeos pocos segundos después me puse de pie y me di cuenta como por mi pierna chorreaba ese líquido blanco. Casi por inercia pase con un dedo embarrándolo de ese líquido espeso, para meterlo a mi boca probando su sabor.

J: Mierda, eres una chica traviesa- Dijo Julián con un rostro sorprendido aun jadeante, mientras se ponía de pie.

Nos arreglamos antes de salir del cubículo, saliendo yo primero para no levantar sospechas y volver a la boda. Llegué y todo el mundo estaba lo suficientemente ebrio como para notar mi ausencia. Pasados unos minutos me entró una llamada de Francisco, al contestar note que estaba bastante ebrio (después de semejante cardio mi borrachera ya se había pasado). Mi novio no paraba de ir desde comentarios románticos a quejas del porque no viaje con él, para evitar el ruido salí de la boda para poder escuchar mejor.

N: Bueno amor, cuídate, cuando regreses hablamos- Dije en la puerta del salón sin darme cuenta que estaba ingresando justamente Julián, y que claramente escucho al menos esa parte de la conversación.

J: Es complicado verdad?- Dijo Julián con una sonrisa de complicidad en su rostro.

El color rojo de mi rostro no podía ser disimulado, como se supone que reaccione, se dio cuenta, estaría enojado, iría de chismoso a contar lo que paso, averiguaría sobre mi relación, sencillamente no le importaría porque ya consiguió lo que quería. Decidí ignorar estos pensamientos pensando que ello solo me torturaría, mejor vuelvo a la fiesta e intento seguir divirtiéndome, pero esta vez sin engañar a Francisco.

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