El frío de la mañana se quita con sexo

Desde unos días previos, tras haber tenido un receso en la relación, Alejandra y yo nos habíamos reencontrado y las vueltas para salir a cenar y bailar, que nos llevaron a tener nuevamente sexo como antes.

Acordamos que había que compensar un poco el tiempo perdido y que era momento de regresar con todo, por lo cual, acordamos desde la noche previa que necesitábamos vernos por la mañana, con los habituales mensajes sexuales que nos enviábamos para poder conciliar el sueño, todo quedó listo para el encuentro.

Llegué antes de las 6 de la mañana a la puerta de su casa y enseguida salió para recibirme, por lo cual subió al auto y nos apresuramos a ir a nuestro destino, un hotel que frecuentamos por la cercanía que nos brindaba. Desde que la vi sabía que algo preparaba, pues la mañana era una de esas de invierno en las que el frío es considerable, sin ser tan gélido aún. Vestía un abrigo negro que llegaba hasta las rodillas, el cual estaba abotonado, sus piernas lucían hermosas con unas medias negras, que era el mismo color de los tacones que estaba utilizando. La saludé con un beso apasionado y nos marchamos.

Cuando llegamos a la habitación, apenas abrimos la puerta de esta e inició una sesión de besos bastante apasionada, por lo que decidí retirar el abrigo que llevaba puesto, para descubrir que era lo que había debajo.

Fue una excitante sorpresa encontrarme con que no había más que una tanga de hilo en negro y el liguero que acompañaba a las medias, que llegaban a la mitad de sus muslos, los tacones altos pronunciaban la silueta de sus nalgas y esa cintura pequeña que marcaba. Sus senos pequeños, pero en armonía con ese cuerpo natural tan delicioso que estaba por tener como otras tantas oportunidades.

No había prendas para retirar por lo cual seguí besándola apasionadamente, al tiempo que mis manos acariciaban cada centímetro de su cuerpo, recorriendo cada rincón que podía tocar. Hasta que se decidió a retirar mi ropa, hasta que cuando quedaba solo el bóxer, se hincó delante de mí, y al bajarlo, pudo liberar mi verga con la erección tan intensa que ya me había provocado; la miró e hizo el gesto característico de cuando deseaba algo, mordió su labio inferior por lo que solo dijo:

-Ya deseaba chupártela.

-Que tanto la deseas, le respondí de inmediato.

-Desde anoche me quedé con ganas de tenerla en mi boca, para que me des tu lechita.

-Me la vas a sacar, así rápido.

-No, decidí que tienes que cumplirme.

Y empezó a meter y sacar mi pene de su boca, alternando entre momentos con delicadeza y a momentos lo introducía con mayor frenesí, escuchaba como se acumulaba su saliva y en momentos pasaba esta para continuar, mientras la tenía frente a mí, veía esas nalgas tan tersas cerca del piso, moviéndose con cadencia y podía escuchar lo mucho que ella gemía y disfrutaba de mi con su boca.

Siguió así por varios minutos, hasta que empezó a acariciar su clítoris, por lo cual le retire mi pene de la boca, aunque los dos estábamos disfrutando del momento, pero sabíamos que aún no era todo lo que habíamos pactado desde el día anterior.

Entonces la levante y la cargué hacia la barra que estaba frente al espejo, para poder acomodarla y quedar a la altura de su vagina, cuando la bajé, solo hizo una expresión entre placer y sorpresa, pues solo nosotros estábamos calientes, no así el mobiliario de la habitación. Una vez ahí solo removí el pequeño hilo que cubría la entrada de su vulva y al hacerlo disfrute de la escena, con sus labios completamente depilados, una pequeña línea de vello púbico hacia el monte de venus y mucho fluido transparente que escurría por su entrada.

Baje mi cara hasta ahí y empecé a probarla por un tiempo suficiente, sabía lo mucho que ella lo disfruta, por lo que no podía más que hacer lo propio, el sabor de ella es tan delicioso, que no hay manera en que pueda dejarlo de lado. Tras unos minutos aceleró la respiración y una serie de movimientos, principalmente temblor, invadió su cuerpo y con gemidos, cada vez más intensos, mientras mencionaba constantemente: ¡así!

Un squirt intenso, que llenó mi boca, desbordando, bajo por mi cuello y cubrió el pecho y mi abdomen, mientras disfrutaba el placer de su cuerpo y rostro, seguí por unos instantes más.

-Ya cógeme -Dijo con voz baja.

-Ya quieres que te la meta.

-Si, ya, ya es justo.

Entonces acomodé sus piernas alrededor mío y de un solo movimiento, sin resistencia, apoyado por toda la lubricación que teníamos ambos, entro mi verga dentro de ella, y comencé a moverme con una cadencia rápida, para alternar con movimientos circulares, que son los que más le apasionan.

Después de unos minutos por fin pasamos a la cama, mientras yo me recosté, ella se montó en mí y puso sus pies apoyándose en el colchón, siguió moviéndose en círculos, luego subía, en otros momentos iba de adelante hacia atrás. Fue tanto tiempo cambiando de posiciones, en momentos ella, en otros yo, pero ambos estuvimos controlando el ritmo y la frecuencia de movimientos, hasta que llegamos a estar ella en cuatro y yo detrás, agarrado de sus nalgas, acariciándolas y golpeando de manera continua y alternada, le gusta que ambas queden atendidas.

Cuando ya no resistía más y ambos sabíamos que mi primer orgasmo llegaría, le pregunté donde quería que terminara, sin dudarlo se quitó, me hecho hacia atrás y tomo mi verga con sus manos, con las cuales continúo estimulándome mientras decía:

-Sabes que me gusta quedar llenita de semen, pero hoy quiero que termines en mi cara.

Continúo hasta que no pude contenerme más y sus movimientos, junto a los míos hicieron que todo lo eyaculado se distribuyera en su cara, en su cuello y otra parte llego hasta sus pequeños senos.

-Me gusta que me dejes cubierta de tu lechita, lo disfruto tanto. -Decía ella, mientras yo estaba un poco perdido, con sensaciones al máximo y recuperando el aliento.

Descansamos por un momento, porque, aunque apretado el tiempo, aún nos quedaba lo suficiente.

No decidía reposar, por lo que me recosté a su lado y la abracé por detrás, mientras ella se pegó hacia mí.

Cerré unos minutos los ojos, en tanto recuperaba el aliento. Tras un momento así ya estaba mi verga nuevamente con una erección y lista para continuar. El hilo de su tanga continuaba cubriendo su ano, pero no se veía por la prominencia de sus nalgas, por lo cual había que separar y poder acceder a la zona y así poder tenerlo ante mí, para mirarlo y poder trabajar en él.

Alejandra estaba en su reposo, más próxima a dormir que en seguir despierta, sin embargo, no estábamos ahí para dormir, a coger era a lo que habíamos llegado y eso se debía cumplir.

Había pasado un tiempo desde la última ocasión que tuvimos sexo anal, pero, cuando está suficientemente excitada, el entrar es mucho menos incómodo, por lo cual, tras abrir sus nalgas, separé el hilo y acaricié un poco su ano con mis dedos, pasando un poco de la lubricación de su vagina hasta la entrada y entrando lentamente con uno de mis dedos.

-No me vas a dejar descansar entonces, dijo con una voz picara y cara de excitación.

-Si querías dormir, debiste quedarte en tu casa, no venir aquí conmigo, le repliqué

-Nadie dijo que venía a dormir, solo que no me vas a dar ni un poco de reposo, contesta.

-Lo único que te voy a dar, es por el culito, porque ya es necesario.

-Es lo que necesito, y se acomodó de lado, en la cama. Métemela por el culito papi, que ya te quiero sentir ahí.

Le acomodé la punta de mi verga en la entrada de su ano y fui guiando de a poco, mientras ella respiraba y se relajaba, trataba de poner sus manos para detener el acceso, pero las quitó inmediatamente cuando entré por completo y solo soltó un gemido, diciendo, ya está toda, ahora hazme tuya.

Así continúe con movimientos de inicio lentos, mientras igual veía su culito completamente a mi disposición, y como mi verga le entraba una y otra vez, sin ninguna resistencia, al tiempo que ella solo gemía y disfrutaba de la sensación.

-Quiero moverme, pero no me la saques, no te atrevas.

-A donde quieres ir, le comenté.

-A ningún lugar, solo quiero estar arriba.

Y con movimientos lentos nos movimos, para que siempre estuviera dentro de su culo, así, nuevamente estuve yo abajo y ella empezó un movimiento continuo con sus piernas y su cadera. Esas nalgas las podía sentir como golpeaban mi pelvis, mis piernas y como su vagina continuaba lubricándose constantemente, mientras continuaba su movimiento. Siguió a ritmo rápido hasta que un nuevo squirt llegó, nuevamente los cuerpos se mojaban, ya no solo por el sudor, también el líquido abundante que de ella emanaba.

Nuevo cambio y ahora yo quedaba detrás, nuevamente con ese culo a disposición completa, con mis manos abría sus nalgas y las apretaba, mientras que el hilo negro estaba a un lado, acomodado sobre una de ellas, dividiendo por lo apretado que quedó. Y así me dispuse a continuar con los movimientos, pero cada vez más fuertes, más al fondo, ella suplicaba porque se la metiera toda, y no podía negársela. Por más que lo disfrutaba, era la manera en que ella gemía, gozaba, se llenaba de líquido su cuerpo, el mío, la cama y hasta el piso. No dejamos de coger hasta que ya no resistía más, ella lo supo y me dijo, ahora sí, los dos juntos, y no me lo saques, quiero tener tu lechita dentro de mi todo el día.

Y así fue, vacié todo lo que tenía en ese culo, mientras ella temblaba, porque ahora un orgasmo llegó, con tanta intensidad, que quedó en estado de completa relajación, solo se acomodó en la cama, una de las pocas partes que quedaba seca y ahí se quedó.

Me metí a bañar, no faltaba mucho para entrar al trabajo, ya habían pasado casi tres horas por lo que debíamos marchar.

Le ofrecí bañarse conmigo, pero se negó. -Te recuerdo que me gusta quedar llena y cubierta de semen, hoy tengo ambas.

Saco la ropa que llevaba adicional en su bolsa, cambió su tanga, las medias ya no fueron necesarias y el cabello, sin peinar, así la llevé a su trabajo, así se quedó, como lo quería.

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