El jefe manda, mi novia feliz

Les contaré lo que nos pasó a mi esposa Priscilla y a mí, soy Fernando, en el tiempo de la historia yo tenía 21 años y mi esposa 20, ambos mexicanos, norteños.

Priscilla con su cuerpo delgado, de 1.50 metros era una chica que llamaba la atención, delgada, pero con su culito y tetitas delicadas, su cabello negro y largo hasta la espalda me volvía loco; yo delgado de 1.74 metros y con cuerpo de hacer ejercicio, éramos una pareja feliz, en ese tiempo aún novios.

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Amigas y cuñadas. Pasarte la lengua por la cola

Risas y carcajadas salían de mi cuarto cuando llegué a casa. En casa estaba mi hermana con mi mujer, siempre se llevaron muy bien.

–¡Llegué chicas!

–¡Estamos arriba en el cuarto!

Nomás entrar en la habitación me di cuenta que hacía mucho que estaban juntas y que iba a durar mucho más ese encuentro. La cama de dos plazas y media estaba llena de ropa de las dos. Ellas solamente de corpiño y tanga.

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Ciega y sorda traición

Mi nombre es Lucas. Hace ocho años, en una clase de Derecho Constitucional, conocí a Diego. Él traía café para dos, y yo compartí mis apuntes. Así empezó una amistad que se extendió hasta nuestros matrimonios. Valeria, mi esposa, y Daniela, la de él, se hicieron inseparables desde la primera cena en aquel restaurante italiano de la calle Corrientes. Las cuatro personas que éramos construimos un espacio raro, cómodo, sin celos ni territorios marcados. O eso creía yo.

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Mi esposa desatada

Mi mujer siempre llamo la atención de otros hombres debido a sus atributos y su belleza. Tiene el pelo moreno liso y una cara risueña. Su piel es morena en todo su cuerpo (hace nudismo) y a sus 40 años se mantiene muy bien. Sus pechos son firmes y redonditos (mi foto de perfil) con una aureola tono marrón y sus pezones rosados. Lo que más llama la atención es su culo. Redondito, con nalgas carnosas, con curvatura hacia atrás y se contonea muy sensual cuando ella camina.

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Trío con dos chicas en la calle

En plena calle dos chicas se reían. Yo estaba trabajando y en un descanso pasé por allí y las vi. Se rieron al verme, avergonzadas. Me acerqué a ellas. Les dije: “hola”. Me dijeron: “te hemos visto y estábamos pensando que estás muy bueno”. Una de ellas, colorada y riéndose casi a carcajadas, bajaba la cabeza.

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Me follé a una de 18 años

En el lugar donde trabajo contratamos chicas lindas de entre 18 y 25 años para que hagan publicidad de nuestro negocio en la calle. La mayoría de estas son jóvenes que nunca trabajaron y que andan buscando un empleo para poder ganar algo de dinero por primera vez. Esta historia es sobre una de esas chicas a la cual le pagué un dinero extra por tener sexo conmigo.

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