—¿Me dejas bailar con Sofía? —me preguntó.
Miré a mi mujer y le dije que sí; yo ya estaba agotado y ella quería seguir. De pronto, soltaron un reguetón bien sucio. Me quedé sentado viendo cómo ese tipo se le pegaba. Diego empezó a restregarle todo el paquete en el trasero a mi esposa y ella, en vez de alejarse, se lo restregaba con más ganas. Con las luces de discoteca no distinguía bien, pero juraría que el tipo le estaba apretando una teta mientras perreaban.