Risas y carcajadas salían de mi cuarto cuando llegué a casa. En casa estaba mi hermana con mi mujer, siempre se llevaron muy bien.
–¡Llegué chicas!
–¡Estamos arriba en el cuarto!
Nomás entrar en la habitación me di cuenta que hacía mucho que estaban juntas y que iba a durar mucho más ese encuentro. La cama de dos plazas y media estaba llena de ropa de las dos. Ellas solamente de corpiño y tanga.