Mi primera infidelidad

Esto ocurrió en mi primer trabajo, aún no había terminado mis estudios de contabilidad, ya tenía novio desde hacía casi 2 años y encontré este puesto de asistente contable en una pequeña empresa que vendía insumos para industrias; éramos el jefe (dueño de la empresa), la secretaria, yo la asistente contable, 30 vendedores y 3 operarios. Como verán eran más de 30 hombres y solo 2 mujeres, nos trataban como reinas pero también éramos sus objetos del deseo jeje.

Yo mido 1.70m, ojos almendrados y expresivos, labios delgados y cabello largo castaño. Mi cuerpo siempre ha estado bien cuidado a base de ir al gimnasio, buenas piernas y bien torneadas, caderas un poco anchas pero moldeadas, pechos generosos y firmes pero sin llegar a voluptuosos. Mi piel es blanca que cada vez que se broncea es la admiración de los hombres y envidia de las mujeres.

Como ya dije, la secretaria y yo éramos los objetos del deseo de la parte masculina, pero ella era la amante del dueño así que era intocable; por lo que quedaba yo con más de 30 galanes que estaban alrededor mío, y había de todo: mayores y menores que yo, aventados y tímidos, guapos y no tan guapos, solteros y casados, etc.

Muchos trataban de tirar el anzuelo y yo les seguía la cuerda solo como diversión: bromas, coqueteos, frases en doble sentido, escuchaba sus “aventuras” y cosas así. Y a mí me gustaba provocarlos también: me vestía con pantalones ajustados, con minis a medio muslo, transparencias, tops y ese tipo de prendas para mostrar mi cuerpo (sobre todo cuando estaba bronceada) y ver cómo se quedaban mirándome porque, valgan verdades, me encantaba y me sentía halagada.

Y bueno, entre tantos hombres, siempre puede ocurrir que haya uno que te mueva el piso, y ese era al que llamaremos Iván.

Él era 3 años mayor que yo, muy guapo de aproximadamente 1.75m, cabello ensortijado, sonrisa traviesa y de cuerpo muy bien cuidado, con buenos músculos. Era, lo que podríamos llamar, un chico malo: mujeriego (según sus propias palabras), iba de juerga en juerga, asiduo a los lugares top de la ciudad, muy extrovertido (casi escandaloso), bien confianzudo con la gente pero (cosa rara) le caía muy bien a las personas. Todos los lunes venía con la secretaria y conmigo a darnos un reporte de sus andanzas de fines de semana, los lugares donde estuvo, las discos o bares que visitó, si estuvo borracho o drogado, las chicas con las que se acostó y cosas así.

Ya me había acostumbrado y más bien era yo la que le pedía su reporte cuando se olvidaba de hacerlo; y así comenzamos a agarrar confianza, yo bromeaba sobre lo que contaba y trataba de hacerme la incrédula de algunas de sus aventuras y él me decía “si no me crees, sal conmigo para que veas cómo nos vamos a divertir”.

Yo me negaba diciendo “sorry pero no, tengo novio”, ese era mi escudo. E Iván replicaba “si no se va a enterar, ¿cuál es el problema?”, pero yo firme no aceptaba, aunque varias veces me sorprendía pensando que sí me gustaría salir con él.

Después su táctica cambió, cada cierto tiempo junto con los chicos salíamos a un after office para tomar unos tragos por unas horas y luego cada uno se iba por su lado. Al principio yo me iba sola en taxi, pero poco después Iván comenzó a acompañarme en el viaje ya que mi casa quedaba en camino a la suya. Algunas veces yo me pasaba un poco de copas y me iba algo más “alegre” que lo recomendable. Entonces, en una de esas veces, tuve una de esas semanas estresantes y me desahogué con algunos tragos demás y me embriagué más de la cuenta. Iván se ofreció a acompañarme dado mi estado, obviamente acepté y subimos al taxi.

Apenas entramos yo apoyé mi cabeza en su hombro para descansar, y él aprovechó eso para levantarme la barbilla y darme un largo beso. Al principio me sorprendí, pero sentí tan cálidos y húmedos sus labios que le correspondí y lo abracé un poco tímidamente y acercando su cuerpo hacia mí. Inmediatamente sentí su lengua buscando la mía y nos fundimos en un beso francés delicioso, además sentí su mano buscando y acariciando delicadamente mis senos, poniendo mis pezones duros y excitados.

Por mi parte, en ese momento me olvidé que estaba en un taxi, y por supuesto a mi novio también, y bajé mi mano para acariciar su miembro a través del pantalón, el cual sentí que se iba endureciendo cada vez más.

Así estuvimos unos minutos, besándonos y acariciándonos con tantas ganas y tan excitados, que Iván me propuso ir a su casa a tener sexo. No lo pensé dos veces y le dije “vamos”, cambió la dirección al taxista y nos fuimos directo a su domicilio.

Apenas cruzamos la puerta me abrazó por atrás fuertemente con un deseo contenido y comenzó a besarme el cuello, a lo que yo comencé a arquear mi espalda ofreciendo más áreas de mi cuello y a gemir como gata en celo. Sentía su pene duro tratando de romper los pantalones y penetrar entre mis firmes nalgas a como dé lugar. Para ese momento yo ya sentía mi rajita super húmeda y queriendo entregarla por completo a este hombre.

Entonces comenzó a levantarme la blusa y sentí sus manos cálidas recorrer las curvas de mi cintura, haciéndome estremecer de placer, quise voltearme pero no me dejó y terminó de quitarme la blusa lanzándole quién sabe dónde, para después comenzar a besarme la espalda a la vez que acariciaba fuerte y delicadamente mis curvas, se me puso la piel de gallina mientras un escalofrío de placer recorría todo mi cuerpo. De pronto sentí que se abría el broche de mi brassiere quitándomelo lentamente a la vez que acariciaba y besaba mis hombros, para después lanzarlo a cualquier parte.

Recuerdo haber pensado en ese momento “Qué estoy haciendo, estoy semidesnuda en una casa que no conozco con un hombre que no es mi pareja” algo parecido a un remordimiento comenzaba a aparecer, pero inmediatamente sentí un torso cálido desnudo en mi espalda, abrazándome fuerte con sus grandes brazos y sus manos acariciándome las tetas, y ese pensamiento voló inmediatamente de mi cabeza, nunca existió.

No pude más, me di la vuelta y me prendí de su cuello besándolo desesperadamente y le dije “llévame a la cama”, lo cual hizo inmediatamente. Me sentó en el borde de la misma y aproveché para quitarle el cinturón, bajar su bragueta y sacar ese miembro que tanto deseaba. Estaba duro pero no totalmente, por lo que comencé a recorrerlo con mi lengua hasta meter su rica cabecita en mi boca mientras le hacía un paja, y levantaba la vista para excitarlo mucho más mientras él me acariciaba el cabello y empujaba suavemente mi cabeza para penetrar algo más su miembro en mi dulce boca.

Estuvimos unos minutos así hasta que me dijo “ahora te toca desnudarte”, así que se puso de rodillas (yo seguía sentada al borde) me quitó los botones y expertamente de un tirón me los quitó junto a mi hilo dental, dejando mi rajita húmeda y depilada al descubierto. Dijo “uy, qué rico” y se lanzó a besarme las piernas subiendo hasta llegar a mis labios, los cuales abrió con sus dedos y empezó a lamer con su lengua, firme pero sin desesperación, ¡Qué delicioso! Yo me abandoné tirándome a la cama y dejando que hiciera lo que quisiera con mi conchita, y temblaba de placer sintiendo esa lengua cálida y húmeda recorriendo todo mi interior tratando de encontrar mi punto G, hasta que lo encontró. Ufff.

Comencé a gemir como loba, le empujaba la cabeza hacia dentro mientras gritaba “¡¡sigue, sigue!!” Hasta que ya no pude más de excitación y sentí mis jugos saliendo y yo gimiendo mientras mordía la sábana tratando de calmar tanto fuego dentro de mí.

En seguida sentí su miembro totalmente duro penetrando mi mojado coño, lo estaba haciendo lentamente, pero agarré sus nalgas y lo empujé hacia mí para que penetrara totalmente de una vez, y recuerdo decirle “dale duro cariño” a lo cual respondió inmediatamente bombeando fuertemente mientras los gritos de placer salían de mis labios. De pronto sentí que su pene se ponía más duro y grande, señal que ya iba a salir su leche caliente; Iván quiso sacarlo pero le dije “¡No! ¡Que sea adentro!” Y así lo hizo, sentí cómo explotaba dentro de mí y me inundaba de leche… ¡qué rico se sintió!

Luego él se recostó todo desnudo a mi lado, yo iba a hacer lo mismo pero me di cuenta que aún tenía los zapatos y pantalones puesto, me incorporé para terminar de quitármelos y cuando me di la vuelta pude apreciar su bien trabajado cuerpo, ¡qué sexy se veía, y qué ganas de seguir disfrutándolo! Entonces, en lugar de echarme a su costado, me incorporé encima de él y comencé a recorrer su pecho a besos y pequeños mordiscos, bajando de a pocos llegando a su bien formado estómago acariciándolo con fuerza con mis manos, con dirección a su ingle. Cada vez que le daba un pequeño mordisco levantaba mi cabeza con una mirada traviesa preguntándole “¿rico?”, a lo que él respondía que sí.

Pasé por el costado de su pene besándole las piernas, pero haciéndole una paja para que se vuelva a despertar. Cuando se le puso dura la polla otra vez, me senté encima y comencé a cabalgar recorriéndola de arriba hacia abajo lentamente para luego ir aumentando la velocidad haciendo sonar mis nalgas sobre sus piernas y mirándolo directamente con una mirada de zorrita. Iván se excitó tanto que comenzó a gemir con cada sentón, hasta que ya no pudo más y eyaculó dentro mío de nuevo; pero yo aún no había llegado así que seguí cabalgando hasta que sentí nuevamente ese fuego interno que me hizo gritar por segunda vez y mojándonos muy rico con mis jugos.

Terminé la faena y me acosté a su lado, conversamos un ratito y de pronto me dijo “quiero hacértelo de perrito”, acepté de inmediato porque a pesar de los 2 años con mi novio aún no habíamos hecho esa pose, y de verdad quería probarla.

Iván me acomodó al borde de la cama dejando mis caderas al aire libre, empezó a jugar con su verga en mi raja, pasándola por encima mientras él se pajeaba diciéndome “¡qué rico culo me voy a comer!” lo que, no sé por qué, me hizo sentir super especial para él.

Luego sentí su verga dura penetrándome hasta el fondo con ferocidad, como tratando de partirme en dos. Cada bombeo era más fuerte que el anterior, y por primera vez comenzó a hablar mientras lo hacía: “¡que rica perrita!”, “¿te gusta que te reviente putita?”, “te voy a dejar bien abierta zorra”; y cada vez que decía algo lo acompañaba de una cachetada en mis nalgas; y, para mi sorpresa, eso me arrechaba aún más arrancándome varios gritos con cada embestida, hasta que terminó pero esta vez la sacó antes y me llenó de semen el culo y la espalda mientras él gritaba “¡Ahh… Ahhh… aquí está lo que te gusta!”.

Esta vez al terminar nos tumbamos en la cama, ambos sudosos y yo rociada de semen además.

Estuvimos conversando de lo bueno y rico que estuvo, hasta que él con cara traviesa me pregunta:

I: ¿Y, quién lo tiene más grande, yo o tu novio?

Yo: mmm… para eso necesito dos cosas…

I: ¿qué cosas?

Yo: primero, que tu verga esté parada y dura.

I: ¿y segundo?

Yo: medirla

I: jaja ¿y cómo lo va a medir?

Yo: fácil, si tu verga entra toda en mi boca, el de mi novio es más grande; de lo contrario es la tuya.

Y acto seguido le comienzo a pajear la verga y darle besos para que se ponga lo más parada posible. Una vez lo estuvo le dije “¿listo?”, y él asintió con un sonrisa.

Me la metí en la boca y comencé a bajar de a pocos hasta llegar a lo máximo que podía, cuando sentí las arcadas puse mi mano ahí y la saqué de mi boca y procedí a la medición. Hasta donde llegué había 3 dedos para para llegar a la base.

Yo: 3 dedos después de mi boca, el de mi novio son 2, así que el ganador eres tú.

I: ¡Bien! ¿Eso merece un premio, no?

Yo: jaja ¿Y cuál sería?

I: una buena mamada hasta sacarme semen en tu boquita.

Yo antes había mamado la verga a mi novio, pero siempre sin acabar en mi boca; no me parecía. Pero esta vez dije “ya” otra vez sin pensarlo y empecé a mamar con su respectiva paja. Como ya estaba dura fue más rico disfrutarla, tomando la verga con una mano y masajeándole los huevos con la otra; e Iván tratando de vez en cuando de empujarme la cabeza para hacer un garganta profunda. De pronto sentí nuevamente que se ponía más dura y grande, y lanzó chorros dentro de mi boca; intenté recibirla toda dentro pero no pude, por lo que la saqué de mi boca y terminé de recibir su leche cálida en mi cara. Nuevamente para mi sorpresa, no me disgustó para nada.

Terminamos bañándonos es su ducha, luego recogimos la ropa y nos fuimos a dormir desnudos hasta el día siguiente, en que pedí mi taxi para ir a mi casa.

Esta fue mi primera vez infiel, estos encuentros se repitieron algunas veces más, hasta que Iván se cambió de trabajo. No lo volví a ver hasta hace un par de años que me lo encontré en un mall. Estuvimos conversando un rato, seguía igual de confianzudo; me preguntó “¿y qué fue de tu novio el cornudo?”, le respondí “pues me casé con él”. Su cara de sorpresa fue toda una delicia jaja.

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