Tengo una vecinita realmente linda. Si acaso ella tendrá unos 20 años siendo que yo ya tengo cuarenta. Pero no soy un depravado sexual, simplemente esta muchachita es lo más lindo que han visto mis ojos. De pequeña se veía regordeta y en ese entonces pensaba que sería una niña gorda pero a medida que fue creciendo sus carnitas se fueron repartiendo correctamente en su cuerpecito.
Si la vieran ahorita, es de piel más bien morena clara, pelo negro lacio, unos lindos ojos negros y unas cejas bien pobladas, ni que decir de sus pestañas, largas y rizadas y todo natural. Pero lo más impactante son sus nalgas y sus piernas.
Tiene una nalguitas redondas y se ven duritas, son enormes pero no desproporcionadas. Se antojan para darle unas buenas mordiditas, con cuidado y sin lastimar, solo para excitarla y que se deje meter el pene larga y profundamente, sin hurgar demasiado en su vagina para que no se asuste. Sus piernas son bien torneadas, no muy largas pero bien llenitas de carne dura y hermosa, sabrosa y antojable para hacerle el amor una y mil veces sin parar, hasta desfallecer y caer exhausto sobre el lecho al lado de ella.
Ayer por la tarde ella llegó a mi negocio donde me solicitó la impresión de unos documentos. Traía puestos unos leggins color negro que lo único que hacían era que su culito se viera realmente hermoso. Le pedí que me pasara su usb para examinar los documentos a lo que ella con ojos pícaros ojos me la pasó, pero al abrirla grande fue mi sorpresa de que no contenía documentos sino fotos de ella: desnuda y dejando ver lo exuberante de su anatomía.
En una de las fotos aparecía abierta de piernas y su panochita se mostraba casi desprovista de vello púbico pero con una vulva cerradita y húmeda. No pude evitar estremecerme y empecé a sentir como mi pene se iba agrandando y alargando a medida que iba viendo sus imágenes. Le dije que se había equivocado de dispositivo a lo que ella me dijo que no, que lo había hecho con toda la intención de que yo la viera así.
Le dije que pasara al negocio y bajé la cortina metálica de un solo golpe. Me volví y la tomé suavemente de su cintura y la atraje hacía mí, sentí sus firmes y duros senos en mi pecho y apreté sus nalgas hacia mí y al sentirlas casi exploto de placer. Empecé a mover mis manos sobre sus torneaditas nalgas y a cada acariciada mi verga se iba exaltando más y más, me la saqué del pantalón ya que de tan grande que estaba ya me estaba lastimando con lo apretada que estaba. Al sacarla se notaba un gran bulto en mi entrepierna, el cual ella empezó a acariciar con algo de miedo primero pero después dejó de cohibirse y empezó a dejarla salir y que se viera en todo su esplendor.
Mi pito salió a la luz y se dejó ver con una enorme cabeza roja misma que brillaba pues ya se encontraba húmeda con líquido seminal y palpitando esperando con ansia meterse en esa cosita tan rica.
Se bajó los leggins y se quedó en pura pantaleta, se colocó de espaldas a mi y metí mi mano debajo de sus bragas, su vulva estaba muy calientita y empecé a masajearla frotándola con lujuria y con suavidad y después empecé a meterle mis dedos haciendo que gimiera de dolor y de placer. Me dijo que tuviera cuidado, que era su primera vez y que le tenía miedo al dolor.
Yo le bajé totalmente sus calzones y le vi su panocha ya bien mojada, metí mi lengua en su agujerito y pude sentir claramente como se arqueó de placer y me pidió que siguiera mamándosela así como lo estaba haciendo. Como no me veía, a media que le seguía mamando su cosita, me fui acomodando un poco más arriba hasta tener mi pito muy cerca de su vulva sin que me viera.
Me detuve y le dije que esperara un poco, empecé a restregarle la verga en su panochita y ella pensó que era mi lengua dura y larga, pero yo empecé a dejársela ir poco a poco y cuando supo lo que estaba intentando meterle quiso sacarse, pero yo la tenía ya bien agarrada de su cintura y le metí toda la cabeza primero, gimió y se asustó con el dolor pero yo no se la dejé ir toda, con la pura cabeza entraba y salí a de su cavidad permitiendo que fuera asimilando que ya me la está cogiendo y disfrutando.
Cuando noté que ya estaba muy mojada, le dejé ir la mitad, sentí como crujió su vagina y un hilillo de sangre se asomó por su entrepierna abierta, pero no me dijo que me detuviera a pesar de eso.
Le dejé ir entonces toda mi verga, yo ya estaba muy excitado y no quería detenerme. Aulló cuando le entraron mis veinte centímetros de carne dura y cruda y se acomodó y se restregó a mi repetidamente haciendo que sus jugos empezaran a chorrear de en medio de sus piernas. Estuvimos así largo rato, ni ella quería que yo me detuviera y pues yo tampoco tenía ninguna intención de parar.
Yo no podía creer que me estaba comiendo esa chulada, la dejé de coger por detrás y la puse sobre el mostrador abierta de piernas, le levanté las piernas a la altura de mi cintura y me la empecé a coger de frente, ella me veía como disfrutaba de esas metidas y me decía que si alguna vez se había cogido una virgen como ella; a lo que yo le respondí que dejara de hablar y siguiéramos disfrutando.
Muy excitado le dije; “no dejes nunca que te metan el pito y que te cojan así como yo”. Bueno, le dije, “deja que te metan únicamente la cabecita”. A lo que ella me contestó; “qué cabecita ni que la chingada, quiero que me cojan y me metan toda la verga y me restrieguen también sus huevos en mi panochita y después me cojan por el culito hasta que me hagan venir de placer y quiero que sea una verga grande, gruesa y prieta la que me metan”.
En ese momento soltó un fuerte grito y su cuerpecito joven se arqueó mientras gozaba de su primer orgasmo; se vino tan rápido que no dejaba que yo me saliera, con sus mismas piernas me jalaba una y otra vez hacia ella logrando que también yo explotara de placer.
Le aventé tal cantidad de lechita caliento que se salió de su vagina y escurrió hasta el piso del negocio, empezando a correr sobre las baldosas e impregnando todo con un hermoso olor a sus jugos y mi semen revueltos.