Hola, soy Raúl. Esta vez les cuento sobre el día que mi novia —hermosa, buenona y siempre caliente— me alcanzó al terminar mi turno matutino para regresar juntos a casa en transporte público.
Brenda llegó con un vestido de algodón, holgado y fresco; abajo solo llevaba un hilo que apenas cubría su deliciosa papaya. Me saludó de forma muy cachonda, pegando todo su cuerpecito al mío; pude sentir sus tetas firmes y su vientre calientito mientras nos dábamos un beso profundo que me dejó sin aire.
—”¡Hola, amor! Hoy ando bastante calientita… quiero… ya sabes”— susurró.
Caminamos a la parada y, minutos después, subimos al camión. Nos fuimos hasta los asientos de atrás, donde iban pocos pasajeros. Ahí empecé a acariciarla y metí la mano en su entrepierna: su hilo ya estaba empapado en jugos.
—”¡Mi amor, en serio quieres verga!”— le dije.
—”¡Sí, quiero una rica verga, amor, hasta adentro!”— contestó ella excitada.
En eso, un muchacho como de 25 años se sentó a mi lado. El vestido de Brenda se había alzado un poco, dejando ver sus hermosos muslos, y el chico no paraba de mirarlos de reojo. Decidí subir la apuesta y le dije a mi mujer: “¡Súbete más el vestido!”. Ella me siguió la corriente, mirando fijamente al muchacho mientras exponía sus muslos en todo su esplendor, revelando incluso el pequeño triángulo de su hilo.
El joven abrió los ojos como platos ante aquel espectáculo y empezó a tocarse por encima del pantalón.
—”¿Te gusta lo que ves?”— le pregunté. Él, apenado y rojo, asintió. —”¿Te gustaría tocarlas?”. Volvió a asentir y le propuse cambiar de lugar.
Brenda se mordió los labios al tenerlo tan cerca. Él empezó acariciando sus muslos tímidamente, pero ella abrió las piernas y llevó la mano del desconocido directamente a su entrepierna.
—”Ahhhh, así… qué rico…”— gimió Brenda. El joven se envalentonó, hizo a un lado el hilo e introdujo dos dedos profundamente en su papayita empapada. Brenda puso los ojos en blanco mientras se besaban con lengua, entregada al placer de ser dedeada en pleno camión frente a mí. Ella alcanzó un éxtasis total y se vino en los dedos de aquel extraño mientras yo, con la verga bien dura, disfrutaba el desenlace.
Al regresar a su lugar, le pregunté a Brenda: —”¿Te lo quieres coger?”.
—”¡Sí, mi amor, invítalo! ¡Quiero que termine lo que empezó!”.
Le preguntamos si nos acompañaba y él, llamado Gerardo, de 24 años, aceptó de inmediato. Caminamos a casa y Brenda iba vibrando de emoción. Al llegar, fuimos directo a la habitación. Brenda se subió el vestido a la cintura, se quitó el hilo y se abrió de par en par en la cama, mostrando su vagina húmeda y dilatada.
—”¡Ven, papito, cómeme!”—. Gerardo devoró su papaya, recorriendo desde el ano hasta el clítoris. Brenda se retorcía, estrujando la cabeza de Gerardo contra su sexo hasta que un orgasmo intenso le salpicó el rostro a nuestro invitado.
Gerardo se desnudó, revelando una verga de unos 18 cm bien parada. Brenda se relamió los labios imaginándose lo que se iba a comer. Él la jaló a la orilla de la cama y, de un solo empujón, se la dejó ir completa. Brenda soltó un gemido intenso, entregándose por completo a su cogedor.
—”¡Ahhh, qué rico coges! ¡Dame más! ¡Mira, amor, que rico se están cogiendo a tu mujercita, mira que vergota me está entrando Ahhhh!”—.
Luego lo empujo para que se acostara de espaldas, se acercó a él y aprisiono su verga con la boca, dándole una deliciosa mamada, el solo gemía y ponía sus ojos en blanco. G: ¡que rico coge y que rico mama tu putita ahhh!
Luego, Brenda se montó en él como una amazona, cabalgando con intensidad. Veía cómo esa vergota entraba y salía de su papaya hasta que ambos explotaron de placer.
—”¡Dame tu leche, toda!” —gritaba ella mientras recibía la descarga.
Tras recuperarse y despedirse de Gerardo con un beso, Brenda se quedó recostada, con las piernas abiertas, mostrándome cómo escurría la leche de su amante hasta las sábanas. Luego, me llamó y me dio una chupada de antología hasta que me vine en su boca, tragándose cada gota de mi leche.
—”Gracias, amor, por dejarme coger a ese yogurín. Coge rico… luego tal vez lo llame” —concluyó con una mirada llena de vicio.