El compañero de trabajo de mi novia

Mi novia me avisó que iba a ir a nuestro departamento un compañero de trabajo, Erick. Es más joven que nosotros, tiene 26 años, y llevan aproximadamente dos años trabajando en la misma oficina y con los escritorios uno a lado del otro. Yo también he trabajado en oficinas durante más de trece años y sé que siempre existe esa atracción en el trabajo por alguien con quien fantaseas, coqueteas y te lanzas indirectas, pero sin llegar a nada; solo es una fantasía laboral.

Al llegar, vi que él estaba en el sillón con una bebida en la mano. Mi novia estaba en el sillón de enfrente y tenían cara de estar hablando de algo que no querían que escuchara, sin querer los interrumpí. Había restos de quesos y jamones en la mesa de centro y varios botes y botellas de alcohol vacías. Llevaban unas dos horas tomando y charlando.

Me uní a ellos, me puse a tomar whisky y me colé en su conversación. Se quejaban de otros compañeros de trabajo, del tráfico, de las malas decisiones de la empresa, etc.

Después de otros 45-60 minutos bebiendo, ellos ya estaban un poco borrachos, yo también me estaba mareando un poco, así que quise indagar en qué estaban hablando cuando llegué e interrumpí la conversación. Solo se rieron y dijeron que no era nada importante. Yo bromeando dije: «Seguro que estaban hablando de cosas sexuales». Vi que ambos reaccionaron como si hubiera dado en el blanco. No soy celoso, como habrán visto en relatos anteriores, ya hemos participado en intercambios de pareja, pero el hecho de que se trate de un compañero de trabajo con quien convive a diario sí que me dio una pizca de celos, debo admitirlo.

Le pregunté si tenía novia y me dijo que tenía alguien con quien salía, pero que no eran novios formales. Entonces, sin importarme demasiado, le pregunté: «Pero ¿cogen o no cogen?».

Solo se rio y dijo que sí, que eran como novios, pero sin la etiqueta.

—¿No se pone celosa de que pases tiempo con Luci? —le pregunté.

—Si supieras… Me hizo todo un drama por venir hoy aquí, pero se calmó un poco cuando le expliqué que tú estarías aquí.

Erick es un chico de 1,90 m, con un cuerpo atlético de alguien que va al gimnasio, pero no está musculoso en exceso. Es joven, apuesto y tiene estilo. Obviamente, yo me daba cuenta de cómo se lo comía con la mirada Luci, sobre todo estando borracha. Entonces solté la bomba para ver hacia dónde avanzaba esto:

—Luci hace el mejor sexo oral que he tenido en mi vida —dije, mirándola de reojo mientras sorbía mi bebida. Ella me golpeó el muslo, fingiendo indignación, pero sus pupilas dilatadas delataban algo más.

—¡Claro que no! —respondió mi novia.

—¿Tu novia no se enfada con estos comentarios? —preguntó Erick fingiendo incomodidad, pero sus nudillos apretando la botella y cómo se acomodaba para tratar de tapar su erección delataban un interés real.

Luci se rió bajito, se levantó y me abrazó por detrás del sillón, rozando mi hombro con sus pechos bajo el escote demasiado holgado para tener visitas:

—A Kouta le gusta compartir y hasta de más… ¿verdad, amor? —dijo, mientras sus dedos acariciaban mi nuca. Tomó la botella de cerveza que yo estaba bebiendo y la chupó como si fuera un pene mientras miraba a Erick, quien, de los nervios, tiró su vaso. El mensaje era claro: esto ya no es broma.

Erick se levantó para tratar de limpiar su vaso; se notaba claramente la erección que se marcaba en sus pantalones.

Luci se acercó a él, le tomó las manos y las llevó a su cintura, se puso de puntillas para alcanzarle y le dio un beso lento pero apasionado. Podía ver cómo buscaba su labio para morderlo.

Le quitó la camisa y lo contempló por un momento. Empezó a besar su pecho y sus abdominales, y fue bajando. Se quitó la blusa y quedaron ambos con solo los pantalones puestos. Erick tocaba sus pechos, un tanto nervioso, como cuando te prestan algo y no quieres romperlo.

Luci lo empujó suavemente para que volviera a sentarse en el sillón y se arrodilló frente a él. Yo aparté la mesa de centro para que no estorbara.

Erick se tensó cuando Luci comenzó a desabrocharle el pantalón. Su voz, que antes era insegura y nerviosa, sonaba ahora grave, segura y dominante.

—¿Estás seguro de que quieres que haga esto, Luci? Porque después ya no hay vuelta atrás.

Vi cómo Luci se giró para mirarme, esperando mi aprobación. Tenía una cara que parecía decir que por fin iba a tener algo con lo que siempre había fantaseado. Asentí con la cabeza y Luci siguió desabrochándole el pantalón y se lo bajó con ayuda de Erick. Antes de bajarle el bóxer, ya se le marcaba un bulto enorme; cuando se lo bajó, salió disparado un pene de unos 20 o 21 cm, igual de grueso que el mío o incluso un poco más.

Luci lo tomó con ambas manos, empezó a lamerlo por todos lados e intentó ver cómo podía meterlo en la boca.

—Fuck, no cabe —empezó a decir antes de que Erick le agarrara la nuca y la empujara hasta el fondo, ahogando sus palabras en carne viva. Sus mejillas se hundieron mientras intentaba respirar por la nariz sin dejar de chuparlo.

Erick tenía el control total sobre la boca de Luci, la estaba usando como su juguete sexual; apenas la sacaba unos segundos para que pudiera tragar aire, antes de dar otro empujón brutal contra su garganta. Se escuchaban gemidos sofocados y mucha saliva alrededor del enorme pene de Erick.

Me levanté y me senté a su lado en el sillón. Luci estiró la mano buscando mi pierna, pero le dije que no, que hoy era toda para Erick y que solo quería ver mejor. Me miró con los ojos llenos de lágrimas de excitación y con dificultad para respirar. Sus tetas ya estaban llenas de saliva que escupía cuando, por unos segundos, se sacaba el pene para respirar.

A pesar de no recibir ninguna estimulación en la vagina, Luci estaba muy excitada; estaba cumpliendo una fantasía con su compañero de trabajo.

Erick, con voz baja y ronca, solo le decía «más hondo» y soltaba algunos gruñidos de placer.

Luci dejó de chupársela. Los ojos se le llenaron de lágrimas y le caía baba de toda la boca, hilos de baba que iban de su boca al pene de Erick.

—¿Así te la chupa tu novia o ya me crees que yo te la podía chupar más rico? —le dijo Luci entre gemidos y mientras agarraba aire.

Tal y como me lo imaginaba, ellos dos nunca habían cogido, pero ya lo habían hablado, fantaseado y coqueteado sin duda alguna.

—Tú me la chupas mejor que nadie, pero ahora voy a hacer que me la chupes mejor que a tu novio —le respondió Erick mientras anudaba el cabello de Luci en cada una de sus manos para sujetarla de la nuca.

Se acomodó y empezó a mover la cabeza de Luci hacia arriba y abajo mientras movía las caderas con fuerza y rapidez. Solo se escuchaban los gemidos de Luci con la boca llena del pene de Erick.

Erick empezó a rugir de placer y, sin avisar ni pedir permiso, llenó toda la boca de Luci de semen. Su garganta se movió convulsivamente mientras tragaba cada gota; las manos, temblorosas, se aferraban a sus muslos como si esa fuera la única forma de mantenerse consciente. Cuando finalmente se la sacó de la boca, un hilo blanco aún conectaba su lengua al glande palpitante. Y, antes siquiera de limpiarse, me miró con esa expresión que decía: «Gracias por dejarme hacer esto».

Erick se abrochó los pantalones lentamente y, sin dejar de sonreír, dijo: «Ya me he decidido a aceptar la oferta laboral».

Ambos se rieron y se dieron un beso. Erick pidió permiso para usar nuestro baño. Luci se sentó en mis piernas y le pregunté a qué se refería con que se había decidido a aceptar la oferta.

Me contó que a Erick le habían ofrecido trabajo en otra empresa y que aún no sabía si aceptarla o no. Cuando yo llegué a interrumpirlos al principio de la conversación, me dijo que estaba hablando de una promesa que se habían hecho tiempo atrás: si uno de los dos renunciaba, se darían una escapada a un motel para tener sexo de despedida.

Erick salió del baño y dijo que tenía cientos de mensajes y llamadas perdidas de su amiga/novia, que mejor se iba ya. Creemos que tal vez no quería sentirse incómodo después de lo que pasó.

Luci me confesó que, cuando hizo la promesa, lo hizo de broma y para coquetear en la oficina. Que era obvio que en ese momento no pensaba cumplirla, era solo para fantasear. Pero, desde que Erick le habló de la oferta y nosotros empezamos con lo del intercambio de parejas, lo primero que pensó es que quería cumplir esa promesa y fantasía. Nunca la había visto tan emocionada y excitada, y eso que solo hizo sexo oral; en ningún momento la tocaron ni la penetraron. Le dije que, para mí, podía cumplir la promesa, pero con la condición de que yo quería estar presente para verlo todo.

Si ese fue el nivel de excitación e intensidad con tan solo hacerle una mamada, no podía ni imaginarme lo intenso que iba a ser ver cómo ese joven se la follaba con fuerza.

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